Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.

Bienvenidos a mi hogar. Entren libremente. Pasen sin temor. ¡Y dejen en él un poco de la felicidad que traen consigo!
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jueves, 6 de diciembre de 2012

ALFILERAZO FOTOGÉNICO (LXXX): CHAPLIN EN "CANDILEJAS"


Charles Chaplin y Claire Bloom durante el rodaje de "Candilejas" ("Limelight", Charles Chaplin, 1952)


"No soy comunista. Soy lo que ustedes llaman, un traficante de la paz, aunque les ofenda".


Fragmento del telegrama de Charles Chaplin a John Parnell Thomas, presidente del HUAC (Comité de Actividades Antiamericanas), julio 1947, a raíz de las acusaciones vertidas sobre él tras el estreno en abril de "Monsieur Verdoux" (Charles Chaplin, 1947).
Sería citado a testificar en septiembre de ese año.

Unas acusaciones que ya venían de antes...

domingo, 11 de noviembre de 2012

¡ADELANTE! LEAN SIN TEMOR...


Tal y como contó Irving Noel Thornley Stoker, único hijo del matrimonio de Bram Stoker con Florence Balcombe, el origen de la novela "Drácula" no fue otro que una indigestión. Un acto en apariencia tan nimio como un mero empacho, más en concreto de cangrejos. A este respecto desconozco si eran de mar o de río, por lo que mucho me temo que cuantos deseen emularle en busca de inspiración no tendrán más remedio que probar con ambas variedades por medio del método tan científico de prueba y error. Siento el no aportar mayor información a este respecto, aunque sí les puedo ofrecer un consejo: mantengan en todo momento al alcance de su mano un frasco de Almax o de bicarbonato en su defecto.

Sea como fuere, a causa de la indigestión Bram "gozó" (y permítanme el uso de este verbo, no ya aplicado a los pesares causados por el hartazgo sobrevenido sino por el reconocimiento recibido (1) como autor de esta novela) con la visión de un ser (¿o debería decir "no ser"?), rey de los vampiros, levantándose de su tumba...




Bien, como lector asiduo de novela gótica, de terror, "ghost stories" y similares, y muy en especial de los relatos y novelas con vampiros como protagonistas (como ya quedó claro en un meme de hace algunos años) no he podido resistirme a incluir una entrada con el conde Drácula como protagonista. Máxime cuando el pasado viernes se cumplió el 165º Aniversario del nacimiento de Bram Stoker.


Y ya que una de las frases de esa novela campea en la entrada de nuestro cafetín, la usaré a modo de homenaje por los buenos momentos pasados, ya con su lectura ya con sus recreaciones cinematográficas.

"¡Bienvenido a mi hogar! Entre libremente. Pase sin temor ¡y deje en él un poco de la felicidad que trae consigo!"

"Drácula" de Bram Stoker




- Los muros de mi castillo están cuarteados. Abundan en él las sombras. Pero, ¡suba! Está usted en su casa. 
El conde Drácula (Carlos Villarías) y Juan Harker (Barry Norton) en "Drácula" (George Melford, 1931).
 Se trata de la versión en español, rodada de forma simultánea a la de Tod Browning.




Nota adicional: al acostarse y apoyar la cabeza en la almohada recuerden que la vena yugular se encuentra en el lado derecho del cuello...


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(1) Transcurridos dos años de la muerte de Stoker su viuda publicaría una colección de relatos inéditos titulada "El invitado de Drácula y otras historias de terror" entre los que se encuentra el relato que le da título.

viernes, 2 de noviembre de 2012

ALFILERAZO FOTOGÉNICO (LXXVIII): ORSON WELLES CONOCE A HERBERT GEORGE WELLS


Orson Welles y H. G. Wells



Si en la anterior entrada hablábamos acerca de la emisión radiofónica de "La Guerra de los Mundos" en la de hoy, que sirve como epílogo inesperado para la anterior, incluimos la imagen del encuentro entre Orson Welles y H. G. Wells.
La casualidad quiso que ambos se encontraran al tiempo, aunque por motivos diferentes, en San Antonio (Texas) y Charles C. Shaw, locutor de la emisora local KTSA, comprendió que era una ocasión única para reunirlos ante los micrófonos. Fue el 28 de octubre de 1940, pocos días antes de Halloween.
A un lado un Wells que a pesar de su juventud, veinticinco años, se encuentra en el momento cumbre de su carrera profesional, no por nada hacía pocos días que había terminado el rodaje de "Ciudadano Kane" (1). Ante él, y disculpen si parece una metáfora con aires a boxeo, se sienta H. G. Wells, un inglés de setenta y cuatro años de hablar pausado, quien había escrito su primera novela de éxito ("La máquina del tiempo") cuarenta y cinco años antes, y que no duda en introducir un poco de humor al inicio de la conversación: "desde que he llegado a América he tenido una serie de deliciosas experiencias, pero lo mejor que me ha ocurrido de lejos es encontrarme aquí con mi pequeño tocayo, Orson".

Lo demás podrán escucharlo en la grabación original...





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(1) El rodaje de "Ciudadano Kane" se inició oficialmente el 29 de julio de 1940 y concluyó el 23 de octubre, aunque la película no sería estrenada hasta el 1 de mayo del año siguiente.



martes, 30 de octubre de 2012

NADA DE TRATOS... UN GRAN TRUCO


¡Que vienen!
¿El coco y el hombre del saco? (ná, fueron objeto de un ERE tiempo ha).
¿Los rusos? (mucho ha llovido, pertinaz sequía aparte, desde que corriera un chiste contado con la guasa particular que se estilaba al otro lado del ya caído Telón de Acero, un eslogan de una agencia de viajes: "visite la Unión Soviética antes  que la Unión Soviética le visite a usted".
¿Los hombres de negro? (mire usté, ni me los nombre, oiga).
Entonces, ¿quién viene?
Los marcianos, hombre, ¡los marcianos!
¡Ah, bueno! ¡Vaya susto!


Año 1938, treinta de octubre, domingo.
Mientras en Europa empiezan a sentirse los primeros efectos de los vientos de la guerra, que a no mucho tardar se convertirían en furioso vendaval, toda América duerme. Bueno, no todos duermen. Millones de radioyentes permanecen despiertos durante aquella velada dominical, pendientes de sus aparatos de radio. No era para menos pues a las ocho en punto, como cada domingo, la NBC emitía “The Chase and Sanborn Hour”, un programa musical y de variedades, patrocinado por Chase and Sanborn Coffee,en el que se incluía el show del ventrílocuo Edgar Bergen junto a su muñeco Charlie McCarthy.




Edgar Bergen y su muñeco Charlie

Los que se removían inquietos en sus casas se preparaban para disfrutar con una hora de humor y melodías musicales, sin que en ningún momento fueran conscientes de que precisamente aquel día, víspera de Halloween, un joven de solo veintitrés años había madurado la decisión de organizar un golpe de efecto mediante el que atraer hacia su minoritario programa de radio la atención de varios millones de oyentes.

Unos tres años antes un joven actor dramático, bastante bregado en el mundo del teatro, labor que compaginaba con sus actividades como locutor de radio, trabó amistad con cierto productor teatral. Tras organizar varios espectáculos ambos decidieron acometer la formación de un grupo de teatro estable, con el que organizar giras por todos los Estados Unidos. Es así, gracias a esta unión de voluntades, como nace de la mano de ambos hombres, el actor y locutor Orson Welles y el productor John Houseman, el Mercury Theatre. A su lado una serie de actores y otros varios colaboradores, como algunos guionistas y músicos: Joseph Cotten, George Coulouris, Agnes Moorehead, Everett Sloane, Erskine Sanford, Herman Mankiewicz, William Allan, Ray Collins, Howard Koch, Paul Steward, William Allan, Bernard Hermann, Ray Collins, Paul Steward, Richard Wilson, Eustace Wyatt, Stephen Schnabel, Edgar Barrier y Frank Readick.




Los miembros del Mercury Theatre ensayando bajo la dirección de Orson Welles;
se distinguen en el centro a Agnes Moorehead y a Ray Collins



Para el inquieto Welles parece no existir la palabra imposible. Inmerso en una frenética actividad que parece no poseer límites tan pronto se encuentra organizando funciones teatrales como dramatizaciones radiales, mas siempre respaldado por los integrantes del Mercury. Es así como pone en marcha un programa semanal de una hora de duración, una vez vendida la idea a la cadena CBS, programa que salía a las ondas cada domingo desde la ciudad de Nueva York, de ocho a nueve de la noche.

En él su voz era, cómo no, la protagonista, aunque por supuesto bien acompañada por el plantel de actores del Mercury. Su nombre “Mercury Theatre on the Air”, y para que no cupiera duda alguna acerca de quién era el responsable último, la mano que se encargaba de dirigir el montaje, añadió a modo de subtítulo una frase para despejarlas por completo: “Primera Persona del Singular”.

Sin embargo sus adaptaciones de textos clásicos no garantizaban el favor del público. Por brillantes que fueran sus adaptaciones de textos consagrados como “Drácula” de Bram Stoker, “Jane Eyre” de Charlotte Brontë o “La Isla del Tesoro” de Stevenson, el número de seguidores se revelaba en cada emisión como bastante reducido. Hasta el punto que solo cuando en el programa de variedades de la NBC se daba paso al cantante invitado los oyentes giraban su dial a la CBS.

Para un espíritu tan descomunal como el de Welles aquello alcanzaba los tintes propios de una afrenta personal. Su carácter le impedía digerir con calma aquel franco rechazo hacia su obra, así que no tardó demasiado en idear un método para atraer la atención sobre sí mismo.

Aquella noche de domingo, aquella víspera de Halloween, le pareció la velada más indicada para emitir una versión dramatizada de un clásico de H. G. Wells, “La Guerra de los Mundos”. Qué mejor que un relato acerca de una supuesta invasión por parte de los marcianos, cuando otros congéneres, océano de por medio, agitaban las antorchas con la que no tardarían en prender la gran pira.

Mas Orson se había propuesto que aquella no fuera una adaptación más, al igual que cualesquiera de las anteriores; sería La Adaptación. Si los oyentes no parecían dispuestos a admirar su talento él se iba a ocupar de que así fuera. Durante seis días el guionista Howard Koch (miembro del triunvirato formado con los hermanos Julius y Phillip Epstein  que moldearía el guión definitivo de "Casablanca"), siempre siguiendo las directrices que le marcaba Orson, fue elaborando el guión que se utilizaría como base del programa.





Howard Koch


Habla Howard Koch:

Orson sólo quería convertir el libro de H. G. Wells en un reportaje radiofónico, y así lo hicimos. Sólo dramatizamos la primera parte. El resto lo convertimos en boletines de noticias que intercalamos en medio de un programa musical”.


Para salvarse las espaldas los encargados de la censura de la cadena se ocuparon de revisar el guión de forma exhaustiva, introduciendo en su redacción varios cambios en aras de restarle la mayor verosimilitud posible. Durante este proceso expurgatorio incluso llegaron a eliminar cualquier nombre real que pudiera provocar dudas acerca de lo que no era más que una ficción adaptada. Mas no contaban con la maestría del joven zorro.
El mayor poder de lo redactado no radicaba en esas minucias que se habían apresurado a corregir y suprimir, no. La verdadera fuente de la fuerza de la emisión en sí se encontraba en el cuidadoso montaje subyacente, ideado por el propio Welles.

Al creer que su labor había concluido, y una vez satisfechos tras los recortes introducidos, los profesionales de la CBS le dieron luz verde al texto definitivo.


Comienza el espectáculo.
A la hora prevista, las ocho en punto, da inicio el programa. Un locutor pronuncia la frase habitual:

La CBS tiene el gusto de presentarles a Orson Welles y el Mercury Theatre en La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells”.

Se oye la voz de Welles haciendo una breve introducción en la que se adapta el arranque de la novela y a continuación empiezan a oírse unos acordes musicales, ofrecidos a la escasa audiencia por medio de una conexión directa con el salón Meridian del inexistente Hotel Park Plaza de Nueva York, a cargo de unos todavía más falsos Ramon Roquello y los miembros de su orquesta.


Orson Welles durante la emisión; en la esquina inferior derecha podemos ver al compositor Bernard Herrmann



Súbitamente enmudece la música y la voz de un agitado locutor lee un comunicado oficial:

"Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de música para ofrecerles un boletín informativo especial de la Intercontinental Radio News. A las 19.40, hora local, el profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings, en Chicago, ha observado varias explosiones de gases incadescentes producidas a intervalos regulares en el planeta Marte... Y ahora les dejamos con la música de Ramon Roquello".

Sin embargo la mayor parte de la audiencia sigue sintonizando la NBC, por completo ajena al despliegue orquestado, éste sí, por Welles y sus compañeros del Mercury Theatre. Y aún más ignorantes de las inquietantes explicaciones a cargo del profesor Farrel.

Aumenta la tensión. Un nervioso periodista, Carl Phillips, se ocupa de añadir más leña al fuego. Desplazado a Trenton (New Jersey) relata por medio de una viva descripción el ambiente en alrededor del lugar en el que ha caído un supuesto meteorito, en las proximidades de una granja.

Sus palabras no permiten albergar dudas acerca de que lo que observa dista mucho de ser un objeto estelar más:

"Lo que puedo ver del objeto no guarda mucha relación con un meteorito, por lo menos con los meteoritos que yo he visto. Parece más bien... un enorme cilindro".

El grado deseado de suspense se ha alcanzado. Los pocos oyentes que vienen disfrutando desde un principio con la representación ya se encuentran plenamente introducidos en la trama.
Una vez montada por completo la trampa solo queda esperar...


Aumenta la audiencia.
A las 8.12, en el programa de la NBC, el ventrílocuo Edgard Bergen procede a presentar la habitual actuación musical. Tras haber contado algunos de los chistes de su repertorio, con la ayuda de su muñeco Charlie McCarthy, llega el momento de la música.

En ese preciso instante varios miles de oyentes giran el dial y sintonizan la CBS. Lo que entonces escuchan, en las palabras y la voz de un reportero llamado Carl Phillips, no es precisamente lo que esperan oír.
La trampa acababa de ser accionada.


Lo demás ya es historia...


Aproximadamente un millón de personas, de los veinte millones que se encontraban sintonizando la emisión, creyeron en la veracidad de la narración, aunque por suerte el pánico desatado solo trajo consigo algunos abortos, un intento de suicidio y algún que otro hueso roto.
No hubo que lamentar desgracias personales más evidentes.
Sin embargo la policía acudió a los estudios antes de que finalizara la emisión y confiscó el guión.
El gran éxito para Orson y la CBS solo se vio “empañado” por las demandas judiciales que recibió la cadena y que ascendieron a unos doscientos mil dólares.








Información adicional:
  • La emisión radiofónica de "La Guerra de los Mundos" emitida el 30 de octubre de 1938.
  • Entrada del blog de Óscar Carbajal en la que se incluye el texto del guión radiofónico en español. Y aquí la transcripción en inglés de la emisión.
  • Emisión especial en Radio 3 de la versión radiofónica de “La Guerra de los Mundos” (30/10/2008) con motivo del setenta aniversario.
  • Reportaje del programa de RNE "Bienvenido a casa" con motivo del 70º aniversario de la emisión de "La Guerra de los Mundos".
  • En el año 2010  W. Joseph Campbell, profesor de la Escuela de Comunicación en la Universidad Americana de Washington, publicó un libro en el que refutaba varias noticias que los medios han convertido en mitos, entre ellos se encontraba la supuesa ola de pánico provocada por la emisión de la versión radiofónica de la novela de H. G. Wells. Incluimos un artículo de la BBC News Magazine y una entrada en Media Myth Alert, ambos en inglés.
  • Posibles fuentes de inspiración para la utilización de boletines de noticias como parte de la emisión.


miércoles, 2 de mayo de 2012

DOCUMENTA QUE ALGO QUEDA: "ENRON, LOS TIPOS QUE ESTAFARON A AMÉRICA"


Fra Luca Pacioli (1445-1457) en una "antigua" moneda italiana de 500 liras



Unos días atrás el señor Pond y yo charlábamos, sendas tazas de café mediante, acerca de una común amistad. Trátase este amigo de un contable, empleando este sustantivo con la mayor de las consideraciones, quien, como muchos compañeros de profesión, había dado por concluido uno de los meses más ajetreados de su año (ejercicio) laboral, el cierre contable, con la ingestión de un malta sin hielo ni cartón ni agua. La presencia de semejante circunstancia, la del cierre que no la de trasegar un malta escocés, había provocado en él una transformación notoria, hecho que explicaba el que fuera objeto de nuestra conversación.

Nuestro amigo, discreto y amante de los silencios, como de costumbre no contaba mucho, más bien contaba nada (aunque cuando lo hace suele decir, en aquellas ocasiones en las que los informáticos ponen los ojos en blanco a la vista de la documentación contable: "qué se puede esperar de quienes consideran que el cero posee existencia real"). No obstante su cara al borde del descuadre sí que lo decía todo.

Recordábamos así cómo poseía una costumbre un tanto atávica, la de portarr siempre consigo, a modo de personal amuleto, una moneda de 500 liras con la efigie grabada de Fra Luca Paccioli, el redactor del primer tratado sobre la contabilidad (y "quien enseñó matemáticas a Leonardo Da Vinci", como gusta de recalcar nuestro; con lo cual de una tacada agregaba también al grupo de los que le miraban con una sonrisita de conmiseración a los "intermediarios entre Dios y los hombres", frase esta última pronunciada por un Ingeniero de Minas y a la sazón (?) profesor universitario, al menos cuando la pronunció).

Mientras más sonreíamos con el relato de sus costumbres el señor Pond se quedó callado. Solo fueron unos instantes, mas a mí, que tan bien le conozco (o al menos eso creo), no se me había escapado el reflejo de las aguas propias de un profundo estanque que de súbito sustituyó en sus pupilas a lo que hasta entonces había sido chispeante camaradería.

Quizás, al fin y al cabo, mi pretensión de conocerle bien no fuera una vana presunción.

Como escribe Stephen Hawking en los agradecimientos de "Historia del Tiempo", alguien le comentó que por cada ecuación que incluyera en en el texto las ventas se reducirían a la mitad. Supongo que el "temor" a la progresión geométrica le empujó a incluir solo una. Bien, cuando los ojos del señor Pond volvieron a adquirir su imagen habitual las dos palabras que pronunció me hicieron pensar en Hawking [*] y en la advertencia que le habían lanzado. Sin embargo, como ya los idus de marzo han pasado, y como me encuentro cómodamente sentado no ya en una escalinata, sino en un sillón, afrontaré las consecuencias y escribiré aquí las dos palabras que el máximo responsable del D.B.I. (Departamento de Búsquedas Infructuosas) pronunció, muy pero que muy lentamente: "contabilidad creativa".

Si alguien ha llegado hasta aquí, si ese alguien espera que la cuesta se ha terminado, si, repito, ese alguien mantiene la creencia de que al fin el sonido del mar llegará a sus oídos, mucho me temo que aún deberá aguardar un rato. Solo unos pocos pasos más.
Unos pocos.

En el libro "Contabilidad creativa", escrito a cuatro manos con John Blake, el profesor Oriol Amat incluye un texto que no dice mucho acerca de nuestro común amigo, y que, sin embargo, mucho me temo que sí proporciona munición a aquellos gremios a los que suele referirse con cierta ironía:


"Cuentan de un mercader que, deseando saber cuánto eran dos mas dos, preguntó a un contable para que le ayudara a conocer la respuesta. El contable se le acercó y, después de comprobar que nadie les oía, le murmuró al oído: `¿Usted cuánto quiere que sea?".


Sin embargo, y como sé que a él, dado su caracter bienhumorado e irónico, le gusta más el estilo del profesor José María Gay Saludas, les incluiré (empleo el plural por educación, llegados aquí quizás lo de no emplear el singular resulte innecesario) un enlace a uno de sus múltiples artículos dedicados a este tema.


En fin, ya concluida la procelosa y elíptica introducción demos paso al cuerpo principal de esta entrada.



Por cierto, aparece en un cameo Arnold Schwarzenagger haciendo de sí mismo.





"Enron, los tipos que estafaron a América" ("Enron the smartest guys in the room", Alex Gibney, 2005)



Advertencia: ningún informático ni ingeniero han sufrido maltratos físicos y/o mentales durante la redacción de esta entrada. Ítem más, tanto el señor Pond como uno mismo guardamos un gran aprecio hacia nuestro amigo; Sacha, nuestro barista, lejos de denegar opinión al respecto la refrenda y emite sobre él un informe sin salvedades.



[*]  Hemos incluido por dos veces su nombre por consejo de nuestra "community manager", sea cuál sea la oscura razón que la mueve a ello.


jueves, 23 de septiembre de 2010

BOGART Y LOS IMPUESTOS, UNA ANÉCDOTA






En cierta ocasión Humphrey Bogart se encontraba en un restaurante de Hollywood, bebiendo whisky a su ritmo acostumbrado. Inspirado por la bebida no tuvo mejor idea que alardear en voz alta de no pedir menos de cien mil dólares por participar en una película. Sin duda ya llevaba unos cuantos tragos, pues no solía ser su costumbre vanagloriarse de la cuantía de sus emolumentos.
Hete aquí que en una mesa próxima se sentaba un comensal que no apartaba su atención de las palabras pronunciadas por el actor. Como éste reparó en ello, dándose cuenta al tiempo de que la ocupación de aquel hombre era la de recaudador de impuestos, y bastante conocido, por cierto, por el rigor que aplicaba a su profesión, rápidamente añadió con voz aún más alta si cabe:


-Naturalmente, esa es la cantidad que yo pido, pero lo que me ofrecen, ocioso es decirlo, no pasa nunca de los treinta mil.


Lo que ignoro es si logró zafarse de la inspección.