Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.
domingo, 12 de octubre de 2008
EN OCASIONES VEO CLIENTES
AUT CAESAR AUT NIHIL

Como ayer sábado no posteé mi habitual recuerdo musical a continuación subsano esa falta incluyendo un vídeo en el que se muestra a Alfredo Kraus (uno de mis favoritos) cantando "Il mio tesoro intanto" de la ópera "Don Giovanni" de Mozart.
sábado, 4 de octubre de 2008
LAS CIEN PELÍCULAS "IMPRESCINDIBLES"
Como ejemplo de sus hallazgos a continuación les incluyo un vídeo realizado por AlonzoMosleyFBI con un “particular” homenaje a esa costumbre tan anglosajona (y muy en especial estadounidense) de conformar largas listas de películas “imprescindibles”.
Pueden tomarse como un juego el identificar las escenas. La solución nos la proporciona el usuario que subió el vídeo en su blog.
viernes, 3 de octubre de 2008
EVOLUCIÓN

-O está muerto o mi reloj está parado.
Dr. Ergenhofer (Groucho Marx), “Un día en las carreras” (“A day in the races”, Sam Wood, 1937).
El que los Estados Unidos de Norteamérica constituyen en sí una tierra de promisión es algo que a estas alturas ya nadie pone en duda. Lo de que han recogido a gentes venidas de todos los parajes del globo terráqueo además de ser redundante, máxime tras la frase con la que daba inicio a esta narración, suena a algo tan obvio que no merece una mayor atención. En cuanto a que merced a semejante mezcolanza de gentes y caracteres una de las características más relevantes de su sociedad sea su tendencia al asociacionismo no extraña a casi nadie. Ya en el antepasado siglo hacía referencia a ella el novelista francés Julio Verne, más en concreto en su libro “De la Tierra a la Luna”. En una página dada refería que en cuanto dos americanos se conocían formaban un club, uno ocupando el cargo de presidente y el otro como secretario; si por un casual se les unía un tercero al punto era nombrado tesorero.
Juntemos las anteriores evidencias que de tan claras ni merecen ser contrastadas y comprenderemos que gracias a su audaz espíritu hayan dado un paso más allá. Como resultado han acabado instaurando premios de variado tipo y calidad. Precisamente de uno de estos galardones quiero hablar a continuación. A mis oídos llegó por los ojos, extraño procedimiento éste se dirán sin duda para sus adentros, mas no piensen en ningún momento en malformaciones, ni mucho menos en enfermedades congénitas a modo de explicación para semejante fenómeno. Lo que quiero expresar metafóricamente es que lo leí, y que como no me lo acababa de creer acabé repitiéndomelo en voz alta.
Han transcurrido varios años desde aquel entonces, unos seis o siete mal contados, tampoco es que lo recuerde muy bien. El caso es que por aquella época el escritor catalán Quim Monzó ignoraba que se encargaba de amenizarme los domingos desde una página publicada en el suplemento de un diario de tirada regional. Cierta mañana dominical atrajo mi interés con unos comentarios a tres columnas, y dibujito alusivo en el centro, relativas a cierto galardón concedido anualmente por un grupo de científicos norteamericanos: los Premios Darwin.
Se trata de un particular homenaje al padre de la teoría de la evolución, aquel investigador que se enroló como naturalista para disfrutar de un crucero alrededor del mundo. No sé si gozó con la travesía pero sí recuerdo que a bordo de aquel buque, por nombre Beagle, obtuvo las pruebas y los conocimientos precisos para acabar formulando su famosa teoría. Precisamente la que hizo que le acabaran caricaturizando en la prensa seria con cuerpo de simio y cabeza calva y poblada barba blanca, entrado en la venerable vejez. Sin duda sus enfrentamientos con el comandante del barco, un creacionista convencido que creía a pies juntillas, y así lo mantenía, que el mundo había sido creado un domingo veintitrés de octubre, y que desde entonces sólo habían transcurrido unos cinco mil años largos, le hubieran debido servir como advertencia. Mas no se arredró, y ahí lo tienen: yo sólo recuerdo su nombre, el del capitán, muy famoso por aquel entonces en la Marina de Su Majestad, se ha perdido por entre los pliegues de mi memoria.
Ese grupo de científicos pretende honrar con el eminente nombre, ya he explicado su origen, a todo aquel que se haya quitado de en medio, de manera definitiva se entiende, y por supuesto involuntaria, en aras del progreso de la especie. O sea, que se haya sacrificado sin ser siquiera consciente de ello para contribuir a que sus genes no se propaguen más allá de su persona, evitando así el peligro que tal hecho podría suponer para la evolución de la raza humana.
En el artículo Monzó menciona unos cuantos ejemplos acerca de los galardonados en años anteriores, todos fallecidos: dadas las cualidades valoradas por el jurado para ser acreedor a la distinción la concesión se caracteriza por ser siempre a título póstumo. Quizás se lo pudiera considerar como un homenaje a los quince minutos de fama preconizados por Warhol, aunque al no ser consciente de ello el occiso no se encuentra en condiciones de disfrutar en su plenitud de los frutos de dicha fama.
Uno de los casos descritos es el de un abogado canadiense, por nombre Garry Hoy, ganador de la edición del año mil novecientos noventa y seis. Su mérito fue precipitarse al vacío en una forma revestida con unos tintes un tanto peculiares, por no decir rematadamente tonta, desde el piso veinticuatro de un rascacielos de Toronto. Al parecer el hombre pretendía demostrar de una manera contundentemente práctica la resistencia del ventanal de su despacho. El que lo hiciera como lo hizo lo explica a partes iguales su profesión y que los que conformaban el auditorio que asistía a la prueba fueran un grupo de estudiantes de Derecho. En fin, no se le ocurrió nada mejor para alabar la obra del arquitecto que coger carrerilla para con el impulso tomado golpear el cristal con el hombro.
Prosigue Monzó su artículo relatando unos cuantos más, a cual más peculiar; lo suficientemente interesantes como para que yo acabara guardando la hoja en una de mis múltiples carpetas repletas hasta el borde del atracón con recortes de variado tipo.
El caso es que he mencionado todo lo anterior porque, navegando por la telaraña mundial, me he encontrado con un comentario acerca de la celebración de la última edición de estos premios. No sólo resulta característico de este mundo que poblamos que aún se sigan concediendo sino que hay que anotar además que el número de candidatos una vez más haya sido bastante nutrido. Cabe hablar de un ganador, fallecido al igual que la práctica totalidad de sus ilustres predecesores. Permítanme que les robe un poco más de tiempo y emplee éste y un poco de su paciencia para narrarles su caso.
El señor Bernard Hemmings era, pretérito, un actor inglés bien parecido cuya carrera había transcurrido fundamentalmente en el ámbito teatral, concretando más, y desde un punto de vista geográfico, en Inglaterra y alrededores (ese compendio que se acostumbra a denominar más resumidamente como Reino Unido, o, en aquellos momentos especiales en los que la ocasión así lo exige, con el más largo y no menos pomposo de Reino Unido de la Gran Bretaña, Irlanda del Norte e Islas del Canal). Por una casualidad genética fue escogido para participar en una producción televisiva al otro lado del charco. Un hoyuelo perfectamente alargado combinado con un extraordinario parecido con Cary Grant movieron a los productores americanos a escogerle entre cientos de candidatos. Además su extraña manera de destrozar el inglés, habilidad alcanzada con la práctica representando a Shakespeare, les acabó convenciendo de que su elección era la más adecuada. Hay que explicar que la serie pretendía mostrar en cuatro capítulos la vida del genial actor inglés, la de Cary Grant se entiende, del tal Bernard Hemmings y su Ricardo III no habían oído hablar por aquellos pagos, para ellos se encontraba tan hundido en el abismo junto con las penas que pesaban sobre la casa de York como el Titanic.
Pues el tal Bernard a mitad de rodaje se debió enfrentar con unas escenas en las que se pretendía rememorar el rodaje de “La fiera de mi niña”. El director quería recrear su famosa secuencia final en la que el amor triunfaba sobre la ciencia, materializado en el derrumbamiento del esqueleto del brontosaurio. Como actor Bernard era un puntilloso profesional, y deseoso de meterse en el papel no dudó en ensayar en la soledad del estudio, tratando de empaparse con la esencia del personaje. Para sentirlo mejor, tras embutirse en una bata blanca se encaramó en lo alto de la osamenta. Desdeñó el andamiaje por considerar que el contacto directo con el armazón del animal sería más fructífero. Allá arriba esperaba recibir la inspiración suficiente como para revalidar sus triunfos teatrales en las Islas.
Se encontraba revolviendo por allá arriba, a varios metros del suelo, pensando en clavículas intercostales, cuando vio merodear por el plató a un fox terrier. Que un perro de cualquier raza correteara por un plató vacío resultaría desacostumbrado, aún tratándose de los Estados Unidos. Pero en esta ocasión en cambio el que lo hiciera un fox terrier no lo era tanto. Era el can que interpretaba el papel de aquel otro que unos sesenta años antes había traído de cabeza tanto al personaje de Cary como al interpretado por Katherine.
No sabremos nunca con exactitud lo que pasó por la cabeza de este actor, tan lejos de su patria y de sus costumbres ancestrales. Sólo podemos atisbar, o más bien imaginar, lo que motivó su comportamiento. El caso es que imbuido en el espíritu de la genial comedia no se le ocurrió nada mejor que arrojarle un hueso del esqueleto de atrezzo al perrito. Un simple juego que traería aparejadas unas consecuencias inesperadas, o al menos muy distintas a las supuestas por el actor. El bueno de Bernard aferró un pequeño hueso de mentira que sobresalía del terrible espinazo con tan mala suerte que resultó ser el mecanismo disimulado que los encargados de los efectos especiales habían habilitado para provocar el desmoronamiento del conjunto.
Décimas de segundo después, tras una lluvia de huesos rodeando al cuerpo del desgraciado Bernard, los primeros de mentira, y los de Bernard estos sí desgraciadamente verdaderos, acabaron reunidos en desorden sobre el duro suelo varios metros por debajo de su punto de origen. Cuando le hallaron los del equipo de producción una clavícula intercostal del brontosaurio reposaba sobre su pecho mientras el perrito permanecía a su lado meneando el rabo.
Como dijo uno de los miembros del jurado, no sin parafrasear con cierta ironía a Luis XV, el mejor epitafio para alguien así sería: “después de mí, el progreso”.
jueves, 2 de octubre de 2008
CONDENADOS A REPETIR LOS MISMOS ERRORES
“Lo impensable se ha vuelto inevitable”.
Paul Krugman, economista.
La película “Wall Street”, de Oliver Stone, proporcionaba una estampa cruda y visceral de los procedimientos seguidos por los grandes financieros y agentes de mercado durante la exuberante penúltima década del siglo XX. Unos métodos que recordaban vivamente a los practicados por filántropos y financieros como John Pierpont Morgan (“el Pirata”) casi un siglo antes.
La prueba de que pronto algún director volverá a retomar el tema (si es que consigue financiación, a partir de los petrodólares o de los fondos chinos del euromercado, claro) la tenemos en el siguiente vídeo cuya existencia conocí a partir de la columna de Enric González publicada en El País.
sábado, 27 de septiembre de 2008
FUNDIDO EN NEGRO
Por una de esas casualidades a las que nos tiene acostumbrados el comportamiento del Destino sigue a otro recién “subido”, éste dedicado a una película que forma parte del conjunto de mis preferidas, y que contiene, entre otros, un vídeo donde puede visionarse su escena final: el mutis por el foro del coreógrafo protagonista, entre amigos y enemigos, familiares y seres queridos, bajo los ritmos de un memorable tema musical. Talmente como si la noticia que me iban a comunicar tan sólo unas horas después hubiera pretendido adornarse, sin yo saberlo, mediante una banda sonora introductoria.
En momentos así siento cómo una corriente fría me recorre el espinazo.
"La Leyenda del Indomable" ("Cool hand luke", Stuart Rosenberg, 1967)

“Paul es un hombre tímido. Y un actor maravilloso. Y piloto de coches de carreras. Y un tío fenomenal”.
Sidney Lumet en su libro “Así se hacen las películas”.
IT´S SHOW TIME, FOLKS
jueves, 25 de septiembre de 2008
TRAGAPALABRAS
El "desconocido" Billy Wilder.
Un viejecito encantador: Mr. Wilder
Lo que ocurrió fue algo así como lo que sigue. Parece ser que un buen día, mientras vegetaba aburrido en su despacho, al igual que el resto de los días durante sus últimos años, se le propuso un proyecto cinematográfico. Sí, a él, a un cineasta que ya no se ponía tras las cámaras desde hacía ya ... demasiados años; no ya porque no lo deseara, siempre y cuando la idea fuera lo suficientemente interesante él se encontraba dispuesto, sino porque los estudios no se atrevían a asumir las elevadas primas de seguro a las que deberían hacer frente. Dada su avanzada edad existía un riesgo muy grande de que no pudiera hacer frente al esfuerzo inherente a un rodaje, y lo que era aún peor, que por la presencia de cualquier hecho fortuito acabara por dejar la película inconclusa; léase una enfermedad o algo aún peor. Por las cabezas de los productores rondaba el temor cierto a que decidiera hacer mutis por el foro en pleno rodaje, lo cual lejos de que fuera considerado un homenaje postrero a Chaplin y su película "Candilejas" constituía una enojosa posibilidad que les provocaba sudores fríos. Ya se sabe que los productores de Hollywood, por deformación profesional, se encuentran mucho más capacitados para la ingeniería financiera de alto standing (petrodólares y hedge funds en paraísos fiscales) que para apreciar un guiño cinéfilo como ese (a no ser, por supuesto, que se trate de una película paródica que atraiga a las salas a masas hambrientas de palomitas).
En suma que nuestro amado Billy se aburría en su despacho, gozando como única compañía de la silla vacía que en vida ocupara su inseparable amigo I. A. L. Diamond, y lo que aún era peor, sin una mala película entre manos.
Mas hete aquí que un buen día repararon en él. Alguien se acordó de que tenían allí a este hombre, mano sobre mano, y decidieron aprovecharlo. Naturalmente antes de que la idea empezara a cobrar cuerpo se convocó una reunión de trabajo durante cuyo transcurso se pretendía sentar las bases y estructurar los objetivos y procedimientos. Una reunión a la que entre otros acudieron el propio Billy y un joven ejecutivo de la productora. Lo de la juventud del ejecutivo deben tomarla en un sentido muy pero que muy relativo, siempre en comparación con la edad del veterano director.
Por alguna razón, aquel ejecutivo, deseoso de romper un poco el hielo durante ese primer encuentro, no tuvo mejor idea que emplear una maza y así, casi a bocajarro, le dirigió a Wilder una pregunta acerca de cuáles habían sido concretamente sus anteriores proyectos cinematográficos. El director de “El Apartamento”, “El Crepúsculo de los Dioses”, “El Gran Carnaval” o “Un, Dos, Tres” (por citar de memoria sólo algunas de entre las que componen la amplia lista de su filmografía), muy conocido en el mundillo del cine por poseer una lengua afilada amén de bastante acerada, le dirigió al neófito (siempre en términos relativos) una mirada socarrona al tiempo que su interlocutor, sin percatarse en ningún momento de lo improcedente de su casual pregunta, aguardaba tranquilamente sentado la oportuna contestación. Talmente se diría que creyera encontrarse en realidad ante un advenedizo recién llegado a la meca del cine. Sin embargo por alguna razón extraña que no se alcanza a explicar Billy se lo tomó con buen humor y su respuesta, bastante lacónica por otro lado, fue un simple y escueto “usted primero”.
No sé cómo se tomó el ejecutivo su falta de tacto mas, conociendo el genio que se gastaba el director a buen seguro que salió bien librado.
Fotograma de una película jocosa de Billy Wilder: "Irma la Dulce" ("Irma la Douce", 1963)
"La Diligencia" ("Stagecoach", John Ford, 1939)
domingo, 21 de septiembre de 2008
VICKY CRISTINA BARCELONA ... ¿OVIEDO?
"Pensaba que serían unas ciudades bonitas y nada más, pero son increíbles. España es un mercado muy importante para mis películas. En Europa me suele ir bastante bien. En Estados Unidos, como ya se sabe, ni siquiera el hecho de contar con el apoyo de la crítica se traduce en un éxito de taquilla".
"Conversaciones con Woody Allen", de Eric Lax.
Como motivos para dicho cambio el director se ha referido entre otros al clima que disfrutamos acá, mucho más benevolente que el inglés, según sus palabras. Pero por supuesto no es ajena a tal decisión el que se dé la casualidad de que la productora del filme sea española (la catalana Mediapro), por lo que el reciente anuncio de que esta misma empresa se va a ocupar de la producción de las tres siguientes películas de Allen auguran que la recién nacida vinculación con nuestro país va para largo.

"Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera... Oviedo es como un cuento de hadas".

Estatua dedicada a Woody Allen
Desde el preciso momento en el que fue colocada en su actual ubicación no ha dejado de atraer la expectación de cuantos visitan la ciudad, no siendo pocos los que se detienen a su vera para sacarse una foto mientras, quizás, alguno más atrevido le solicita una intermediación para obtener un papelito en alguno de sus próximos proyectos. El fervor llega hasta tal punto que los operarios dedicados a su mantenimiento se ven obligados a colocarle unas gafas nuevas cada cierto tiempo. No ya porque la escultura esté perdiendo dioptrías sino más bien porque algún admirador, confundiéndolo con Virgil Starkwell, acaba robándoselas en lo que sin lugar a dudas constituye un velado homenaje a su primera época como cineasta.

Posteriormente a la entrega del galardón, en el mes de mayo de 2005, el director de cine volvió a recalar en Oviedo con motivo de la celebración del XXV Aniversario de los Premios Príncipe de Asturias, y, por supuesto, volvió a revalidar su pasada opinión
"Oviedo es como salir de la vida real y meterse en una atmósfera muy protegida; las calles son bonitas... todo es muy bonito".
Y por supuesto se hizo algunas fotos junto a su sosias inanimado, elogiando la labor del escultor por haber sabido mostrar en el rostro de la escultura su ansiedad característica.
Incluso antes de comenzar el rodaje de esta su última película todavía seguía haciendo declaraciones al respecto (octubre 2006).
"El mundo debería ver una ciudad así, aunque no quiero sacarla demasiado bonita, que lo vean en todas partes y que se estropee llenándose de turistas".
Ahora algunas reacciones:
- El ayuntamiento de Oviedo está encantado con la publicidad. No por nada se ha decidido añadir una nueva placa en la calle Milicias Nacionales con las últimas declaraciones de Woody Allen pronunciadas durante la rueda de prensa, en el estreno de la película en el Festival de Cine de San Sebastián: "Oviedo es un paraíso, un refugio para cuando el mundo se pone peligroso" (19 de septiembre de 2008).
- Avilés aparece en la película debido a la relación de Woody Allen con la recién fundada Fundación Niemeyer cuya sede se establecerá en la ría avilesina. Cuestión que no quita que, en lo que no deja de ser un procedimiento habitual durante el rodaje de las películas, se hayan catalanizado ciertos parajes de la ciudad. A este respecto basta con pensar en la vibrante persecución en "El Mañana Nunca Muere": aparentemente transcurre en el parking del hotel de Hamburgo en el que se hospeda Bond, pero en realidad se rodó en el Brent Cross Shopping Centre (Londres) y sólo la parte final, en la que el BMW 750 i L se precipita a la calle tras atravesar el pretil, corresponde a Hamburgo (la Mönckebergstrasse). A pesar de todo las reacciones no se han dejado esperar.
A la espera de ver yo mismo la película, y formarme mi propia opinión al respecto, les dejo con dos enlaces a sendas críticas:
- la primera la incluye Spaulding en su blog;
- la segunda corresponde a Tino Pertierra y fue publicada en el periódico La Nueva España del día 20 de septiembre de 2008.
NOTA ACLARATORIA [23 de septiembre de 2008]: debo rectificar la información acerca de la publicación del libro sobre Woody Allen, pues tal y como me aclara Sergio Arán ya se encuentra publicado en España (Editorial Lumen).
miércoles, 17 de septiembre de 2008
ESCOGÍ UN MAL MOMENTO PARA NO DEJAR DE VER LA TELEVISIÓN
"El Jovencito Frankenstein" ("Young Frankenstein", Mel Brooks, 1974)