Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.
jueves, 5 de febrero de 2009
CHABROL HABLA SOBRE CINE
Sin ahorrarse ironía y acidez cuando considera precisa su presencia, el director francés va desgranando paso a paso todas las fases necesarias por lo que resulta un interesante complemente para otro libro ya posteado en este mismo blog, "Así se hacen las películas" de Sidney Lumet.
miércoles, 4 de febrero de 2009
APOSTILLAS AL POST "UN ESPAÑOL EN LA CORTE DE KANE"
Acá les dejo el enlace a esta página.
Por cierto, uno de los artículos está dedicado precisamente a don Fortunio Bonanova.

Fortunio Bonanova junto a Sidney Toler en "The Red Dragon" (Phil Rosen, 1945), una película de la larga serie con el detective Charlie Chan como protagonista
martes, 3 de febrero de 2009
UN ESPAÑOL EN LA CORTE DE KANE
Para todos los quizás expuestos sólo cabe dar una respuesta negativa. Nada de todo lo antedicho se acerca a la realidad porque, ante ustedes va a hacer su aparición quien fue Don Juan sin serlo realmente, alguien que medró en las Américas sin ser descubridor o colonizador. Ante ustedes, respetables lectores, el señor don Josep Lluis Moll.
¿Y ese cicatero silencio? ¿Dónde se han quedado los bien merecidos aplausos? Vamos, vamos, no muestren de esa manera su desconsideración. Vamos, vamos…
El error cometido por quien pasaría por ser un presentador devenido a imprevisto demandante de un nuevo empleo recae en algo tan simple como el no haber empleado el nombre “auténtico” del homenajeado que les saluda con la mano ahí mismo, bajo los focos instalados sobre el improvisado escenario de este cafetín. Un nombre éste que les evocará más de un recuerdo: Fortunio Bonanova; ya quedaba muy claro en “Ha Nacido una Estrella” (“A Star is Born”, William A. Wellman, 1937) que en el caso de los actores lo primordial resulta ser su nombre artístico, hasta el punto que termina por sepultar al suyo verdadero.
Este mallorquín, palmesano para más señas, vino a este mundo cuando el antepasado siglo estaba a punto de convertirse al cabo de unos pocos años en el inmediato pasado, más en concreto en el año 1896.
Desde joven, a una tierna edad como acostumbra a decirse, ya sintió una gran afición por las vertientes más artísticas de la existencia, y como prueba de ese interés el primer campo que le atrajo poderosamente fue el del canto. Concluidos sus estudios en el Conservatorio de Madrid, así como otros de perfeccionamiento que también cursó en la misma ciudad, principió una carrera como barítono que acabaría por arrastrarle a efectuar varias giras durante las que recorrió diversos países europeos.
Permítanme un pequeño inciso. Por aquella misma época los pioneros del cinematógrafo en nuestro país alcanzaban un prestigio y una profesionalidad merced a los cuales no existía motivo alguno para sentir envidia por sus homólogos franceses. Ya despuntaban (que recitaría Don Mendo) por estos pagos cineastas de la talla de Segundo de Chomón (Teruel, 1871 – París, 1929) o Fructuoso Gelabert (Barcelona, 1874 – ídem, 1955).
Al primero se le deben innovaciones técnicas tales como el “carrello”, posteriormente denominado “travelling”, o los ingeniosos efectos especiales mostrados en la película “Cabiria” (Giovanni Pastrone, 1914), erupción volcánica incluida, en cuyo rodaje participó realizando labores de operador.
Respecto al segundo pasa por ser el que filmó la primera película española dotada de argumento, una producción que llevaba por título “Riña en un Café” (1897), un tema muy hispánico, por otro lado, y que ocupaba unos veinte metros escasos de película. Si se considera que un rollo alberga unos trescientos metros de celuloide lo que a la velocidad de proyección actual de veinticuatro fotogramas por segundo, durante la primera época del cine la velocidad de arrastre era de dieciséis a dieciocho fotogramas por segundo, se corresponde con unos diez minutos de película, esto basta para imaginarse que la riña debió ser bastante breve. Si se obvia la presencia de un argumento el honor pasa a recaer sobre “Plaza del Puerto en Barcelona” (1896), aunque esta careciera de una historia propiamente dicha.
De la capacidad de Gelabert, y de su tenacidad, nos ofrece una buena prueba el hecho de que tras adquirir una cámara Lumiére en el año 1897, ni corto ni perezoso la desmontó para estudiarla, logrando al poco construir la suya propia. Era la primera vez que en nuestro país se hacía algo parecido.
Naturalmente la idiosincrasia francesa impidió que durante los actos del centenario del cine, con motivo de la conmemoración de la primera proyección que tuvo lugar en París el 28 de diciembre de 1895, se hiciera referencia alguna a las destacadas aportaciones de estos dos pioneros.
Mas cerremos el inciso y retornemos de nuevo a Fortunio Bonanova. Su espíritu emprendedor termina por empujarle a participar en una producción cinematográfica, en una época en la que esa industria pretendía consolidarse en nuestro país.
Y allá que nos encontramos a Fortunio en un papel protagonista a las órdenes de Ricardo de Baños mientras que el hermano de éste, Ramón, se ocupaba de la fotografía.
Dada la calidad y la profusión de medios puestos a su disposición la película alcanzó un gran éxito, al que no resultó ajena la gran presencia de exteriores, característica esta muy poco habitual durante esa primera época, si bien también contaba con los consabidos interiores rodados en los Studio Films.
Con el subtítulo añadido de “El Castigador Castigado” (¿la mano de la censura eclesiástica?) se acabaría por estrenar primero en Barcelona en octubre de 1922 y al cabo de dos años en la capital, Madrid, un 27 del mismo mes.
De forma un tanto inexplicable tras el gran éxito alcanzado en su primera incursión en el mundo del cinematógrafo Fortunio decide alejarse de las cámaras y retornar al canto. Así es como tras pasar una breve temporada en Méjico acabará por instalarse al otro lado del océano (ahora mero charco), en los Estados Unidos. Allí, tras unas primeras incursiones en el teatro terminará por consolidar su carrera cinematográfica, mas sin dejar de lado en ningún momento el amor profesado al género lírico.
Mas en el caso de Fortunio Bonanova el hablar de sólo un par de facetas no bastaría para describir el cúmulo de inquietudes que le empujaban a emprender de continuo nuevas empresas. Cual un espíritu renacentista, amén de bastante inquieto, destacaría también en otros campos, siendo escritor, bailarín, periodista e incluso empresario. No sólo escribió dos novelas, cinco obras de teatro y varias operetas sino que entre sus amigos se contaron personalidades de la talla de Jorge Luis Borges, junto a quien llegó a colaborar en una revista.
Como tantos otros murió lejos de España, en la California que le acogió, el 2 de abril de 1969, no sin antes haber rodado una película en nuestro país a las órdenes del mismísimo Jesús Franco: “La Muerte Silba un Blues” (1962).
No quiero dar por concluido este pequeño homenaje sin referirme muy brevemente a la filmografía americana de Fortunio Bonanova. En ella encontramos varios títulos entre los que destacan “Cinco Tumbas al Cairo” (“Five Graves to Cairo”, Billy Wilder, 1943), su caracterízación del general Sebastiano; el maestro de canto de la segunda esposa de Charles Foster Kane en “Ciudadano Kane” (“Citizen Kane”, Orson Welles, 1941), “El Signo del Zorro” (“The Mark Of Zorro”, Rouben Mamoulian, 1940), “Perdición” (“Double Indemnity”, Billy Wilder, 1944) y “El Precio de la Muerte” (“The Running Man”, Carol Reed, 1963).
Ahora sí. Aplaudan, por favor…
domingo, 1 de febrero de 2009
YO VISIONO ETB Y TV3 EN LA INTIMITAT
Sin más aquí les dejo tres vídeos donde el séptimo arte posee la condición de protagonista absoluto.
sábado, 31 de enero de 2009
AND NOW FOR SOMETHING COMPLETELY DIFFERENT
Supertramp, "Another Man´s Woman", de su álbum "Crisis What Crisis"
sábado, 24 de enero de 2009
MOZARTIANOS NOS HEMOS LEVANTADO
Antes de nada una simple pregunta. ¿Qué pueden tener en común las siguientes películas?
"Fama" ("Fame", Alan Parker, 1980)
"El Pacificador" ("The Peacemaker", Mimi Leder, 1997)
Pues bien en las bandas sonoras de las anteriores películas se haya presente al menos una pieza del genio salzburgués: Wolfgang Amadeus Mozart.
Las piezas respectivas:
El concierto para trompa y orquesta número 3 en mi bemol mayor, KV 447.
El Ave Verum Corpus, KV 618.
El tercer movimiento de la sonata para piano número 11, KV 331, "La Marcha Turca".
La serenata para cuerdas en sol mayor, "Una pequeña Serenata Nocturna", KV 525. Aquí les dejo su cuarto movimiento, rondó allegro.
A MODO DE PROPINA FINAL.
Para terminar un regalito para los seguidores de El Loro Azul: “Asturias” de Isaac Albéniz, de la ''Suite Española'', opus 47, interpretada por alguien muy especial.
lunes, 19 de enero de 2009
THAT´S HOLLYWOOD
Ahora un poco de música, por favor
sábado, 17 de enero de 2009
MÁS ESTRELLAS QUE EN EL CIELO (II)
En uno de mis primeros posts mostré algunos de los rostros que forman parte de mi firmamento cinematográfico, el mío, personal y subjetivo. Algún tiempo después confesé mi rendida admiración por Gene Tierney. Hoy, tras un post triste incluyo una pequeña referencia a otra de esas estrellas que alumbraron mis primeros paseos por las películas del Hollywood clásico: Margaret Sullavan.

Una mujer de belleza serena, la propia de aquellas mujeres a las que nos solemos referir como las vecinas de al lado, dada su aparente cercanía.
"El Bazar de las Sorpresas" ("The Shop Around the Corner", Ernst Lubitsch, 1940)
Lo siento por los fans de Meg Ryan.
"Tres Camaradas" ("Three Comrades", Frank Borzage, 1938)
“Es inevitable que en la adolescencia uno se enamore de una actriz, y ese enamoramiento suele ser definitorio y también formativo. Una actriz de cine no es exactamente una mujer; más bien es una imagen. Y a esa edad uno tiende, como primera tentativa, a enamorarse de imágenes de mujer antes que de mujeres de carne y hueso”.
Mario Benedetti, "Los viudos de Margaret Sullavan" (del libro "Con y sin nostalgia").
PATRICK MCGOOHAN
Una de las escenas que más me gustó en su momento de la película “Braveheart” (Mel Gibson, 1995) a cargo del rey Enrique I, Patrick McGoohan (1928-2009).
Además una de esas películas que me chiflaban de pequeño. Sin necesidad de grandes efectos pirotécnico-especiales lo suficientemente cautivadora como para avivar la imaginación y establecer la excusa para la ambientación de las “batallitas” junto a los amigos de la infancia.
“Estacíón Polar Cebra” (“Ice Station Zebra", John Sturges, 1968)
