De izquierda a derecha Maureen O´Hara, Victor McLaglen, John Wayne y Barry Fitzgerald"El hombre tranquilo" (John Ford, 1952)Durante la “
caza de brujas” en una reunión de la liga de directores, presidida por
Joseph Leo Mankiewicz, el tema a tratar fue cierto rumor que corría por
Hollywood. Según este rumor se acusaba a
Mankiewicz de simpatizar con los planteamientos socialistas. El grupo que lideraba
Cecil B. De Mille le atacó con extremada dureza. Nadie se atrevió a replicarle. Esto se explica porque los presentes se hallaban obligados a identificarse antes de realizar cualquier intervención en el debate. Además se encontraba presente un taquígrafo, quien no dejaba de anotar cuanto allí se hablaba. Ninguno osaba exponer una opinión contraria a las sospechas que allí se estaban vertiendo, las cuales no gozaban del más mínimo fundamento y cuya finalidad última bien podía ser la de arrebatarle a
Mankiewicz el puesto de presidente.
Tras cuatro horas de reunión
De Mille decidió culminar su intervención mediante un “gran discurso”. En ese preciso instante de entre los presentes uno elevó su mano para pedir la palabra. Quien había solicitado el turno de réplica se dirigió a la asamblea en los siguientes términos: “
Me llamo John Ford. Hago películas del oeste”. A continuación no ahorró elogios para las películas de
De Mille. “
No creo que haya nadie en esta sala que sepa mejor lo que quiere el público americano que Cecil B. De Mille, y desde luego, él sabe darle lo que quiere”. Para agregar después, con la mirada fija en él: “
Pero no me gustas, C.B. Y no me gusta lo que has estado diciendo hoy aquí. Propongo que demos un voto de confianza a Joe y nos larguemos a dormir”.
Por supuesto
Joseph Leo Mankiewicz fue ratificado por amplia mayoría. Al terminar la votación, nadie se levantó hasta que el propio
Ford lo hizo. Y no fue hasta que atravesó la puerta de salida, cuando todos desfilaron detrás suyo.
Qué puede decirse acerca de "
El hombre tranquilo" ("
The quiet man",
John Ford, 1952), una fábula en la que se retrata el retorno a los orígenes de un boxeador irlandés, donde se nos habla sobre su búsqueda de una posible redención tras haber matado de forma involuntaria a un contrincante sobre el cuadrilátero. En ella
Ford nos proporciona una imagen idealizada de Irlanda, la tierra de sus antepasados, para lo cual no duda en rodearse de sus actores favoritos, algunos de entre ellos irlandeses por nacimiento.
Su arranque, mediante el que se nos muestra la
llegada de Sean Thornton a la estación feroviaria de
Castletown, define por qué derroteros se movían las opiniones de
Ford acerca de la forma más correcta para rodar. Uno de sus ayudantes le había propuesto situar la cámara por encima del tejadillo que cubre el andén de la estación para así poder filmar la aproximación del tren mediante un contrapicado, a lo que
Ford repuso que nadie iba a mirar cómo se aproximaba un tren subido allá arriba. Al final la cámara, según su criterio, fue emplazada en el propio andén.
Otra anécdota versa sobre los preparativos previos a la
escena en la que se enfrentan a puñetazo limpio
Sean Thornton y
'Red' Will Danaher. Aquí dio muestras de cierta picaresca, una característica que cabría atribuir a sus genes irlandeses. Deseoso de otorgar el mayor realismo a la pelea decidió preparar una treta.
Primero habló en privado con John Wayne y le comunicó que sentía cierto grado de descontento en lo que a su actuación se refería. Saltaba a la vista que Victor McLaglen lo estaba haciendo sin duda mucho mejor que él, lo cual traía consigo que le estuviera arrebatando el protagonismo. Además le confesó que según se comentaba por el set también se dedicaba a criticarle a sus espaldas. Una vez sembrada la semilla se aproximó a Victor y obró de igual forma, viniendo a decirle lo mismo que antes le había comentado a Wayne.
Una vez llegado el día en el que se iba a filmar esa escena concreta el ambiente en el set podía calificarse de cualquier cosa menos de tranquilo. Desde lejos se notaba que ambos actores se encontraban bastante tensos. No resultó por tanto extraño que en cuanto fue dada la orden para empezar a rodar toda la tensión que acumulaban terminara por desembocar en una de las peleas cinematográficas más gráficas que se hayan filmado. Baste con añadir que el grado de realismo alcanzó tal punto que al término de la lucha McLaglen acabó sufriendo una conmoción y su contrincante, Wayne, terminó con dos costillas rotas.