Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.

Bienvenidos a mi hogar. Entren libremente. Pasen sin temor. ¡Y dejen en él un poco de la felicidad que traen consigo!

martes, 7 de abril de 2009

...LES PRESENTO AL SEÑOR POND


Creo llegado el momento de hablarles acerca del señor Pond. Cuantos visitan este café cinéfilo habrán tenido cuantiosas oportunidades de leer algunas de sus aportaciones. No hará falta explicar, por tanto, que se trata del responsable máximo del Departamento de Búsquedas Infructuosas (D.B.I.), el mismo que en este adhocrático establecimiento se ocupa, su nombre proporciona una pista segura acerca de su cometido, de indagar, auscultar y, en suma, de buscar cuanta documentación sea precisa para apuntalar los artículos que de cuando en cuando van apareciendo.


Cierta tarde, y de eso ya hace unos cuantos meses, se personó por el Loro Azul un desconocido que bien pronto dejó de ser tal para formar parte de la plantilla de los habituales. Aparte de quien esto escribe, y permítanme que me mencione en primer lugar, tenemos también a Sacha, ese loco ruso, el único que parece conocer a la perfección cuáles son los estados de ánimo de la cafetera, así como las manías que sus circuitos de agua caliente parecen provocar un día sí y otro también.


Nunca me han dado buena espina quienes portan bastones y huelen a perfume de gardenias. En su presencia siento de inmediato un temor irracional a que se encuentren prestos a desenfundar un revólver de pequeño calibre cuanto menos te lo esperas; el veintidós es un bonito número mas en determinados contextos pierde fatalmente mucho de su encanto.

Como fuera que aquel desconocido no desprendía aroma floral alguno, y además no se distinguía el más mínimo rastro de muletas o bastones decidí darle un voto de confianza. En pago a mi actitud benevolente me respondió con un gesto silencioso mientras me tendía una cartulina confeccionada en un papel verjurado de alto gramaje. Si hubiera puesto encima de la mesa, me encontraba tomando uno de los cafés especiales de Sacha (“el café debe ser caliente como el infierno, negro como el diablo, puro como un ángel y dulce como el amor”, la frase no es suya sino de Talleyrand), un oscar en un homenaje velado a Gregg Toland (v. “RKO 281”) no me hubiera mostrado menos sorprendido. Sin embargo mientras paseaba los ojos por el texto impreso una vocecita interior me dijo que aquel hombre hablaba mucho más de lo que callaba.


Como resultara que su predecesor en su futuro puesto, el de documentalista-jefe, me había abandonado poco antes opté por contratarle, decisión a la que ayudó sus pretensión de ejercer como tal a título gratuito. No hará falta que les explique que luego de unos minutos, durante los que aguardó pacientemente a que yo terminara de leer el texto, sí que pronunció algunas frases.


Por supuesto yo acepté sus condiciones sin entrar en molestas negociaciones y regateos. Llevado por un talante diplomático para nada pretendí ofenderle contrariando sus deseos.


La causa fundamental de la marcha del anterior responsable había sido la presencia de unas discrepancias económicas que se mostraron como insalvables y que se basaban en la naturaleza y cuantía de los emolumentos percibidos. Yo consideraba que se encontraba más que bien pagado mientras que él discrepaba acerca de este parecer. Mantenía tozudo que una palmadita en la espalda de tanto en tanto no constituía suficiente contraprestación para sus desvelos. No negaré que su pretensión de alimentarse a diario así como la de costearse tanto vestimenta como otros gastos personales a costa de mis ya de por sí menguados capitales me hacían inclinarme a pensar que, debido a una mala interpretación de nuestra relación contractual, había acabado por tomarme por un filántropo.


Fue en esta forma como el viento fresco, y junto a él el propio señor Pond, arribaron a este establecimiento.



En sucesivas charlas mantenidas en sucesivas jornadas, mil y una tazas de café de por medio, fui poco a poco descubriendo los hitos de su carrera que él, parco en elogiarse a sí mismo, tuvo a bien mencionar dosificándolos con cuentagotas.

En cierta ocasión había colaborado junto a la señorita Bunny y el no menos prestigioso ingeniero Richard Summer en la modernización del departamento de documentación de un canal de noticias.



"Su Otra Esposa" ("Desk Set", Walter Lang, 1957)


Empujado por su carácter de hombre emprendedor decidió, valga la redundancia, emprender una nueva carrera y terminó recalando en uno de los departamentos de la acrisolada Crimson Permanent Assurance.




Quizás cansado de las aventuras a las que los nuevos vientos empujaron a la plantilla no tardó en abandonar también este barco.

Lo último que me confesó es que había ocupado un puesto de funcionario en el Ministerio de Información, mas esta vez las labores a desempeñar se revelaron tan sumamente burocráticas que no tardaron en chocar con su forma de ser.



"Brazil" (Terry Gilliam, 1985)


Ante la disyuntiva de seguir nuevos derroteros o convertirse en un Bartleby decidió optar por la primera opción. Así fue como acabó por atravesar el umbral de "El Loro Azul"...



Para terminar sólo me resta incluir a continuación el texto que figuraba impreso en aquella cartulina, confeccionada en un papel verjurado de alto gramaje.
Hela aquí.


"A poco que se reflexionara sobre ello, Mr. Pond se asemejaba curiosamente al estanque del jardín. Durante la mayor parte del tiempo era igual de sereno, igual de límpido y claro, valga la expresión, en sus habituales reflejos de la tierra y el cielo y la hermosa luz del día. Y sin embargo yo sabía que en el estanque del jardín había algunas cosas raras. Una de cada cien veces, uno o dos días en todo el año, el estanque parecía enigmáticamente distinto; o su lisa tranquilidad era interrumpida por una sombra fugaz o un relámpago; y un pez o un sapo o alguna criatura más grotesca se mostraba al cielo. Y yo sabía también que en Mr. Pond había monstruos: monstruos mentales que emergían sólo un instante a la superficie y luego retornaban a las profundidades. Se mostraban en forma de comentarios monstruosos en medio de su charla razonable e inofensiva. Algunos pensaban que a la mitad de una conversación harto juiciosa se volvía loco de improviso. Pero asimismo no tenían más remedio que admitir que de inmediato regresaba a la cordura".


"Las Paradojas de Mr. Pond", Gilbert Keith Chesterton.

domingo, 5 de abril de 2009

RECIBIMIENTO DE UN BLOGUERO A SU RETORNADA LISTA...

Como se agajasaba a Jorge I, rey de Inglaterra, en sus desplazamientos por el Támesis, a los sones de "La Música Acuática" de G. F. Haendel.





NOTA ADICIONAL: enlace relacionado: "Un Hombre para la Eternidad" ("A Man for all Seasons", Fred Zinnemann, 1966) y la escena en la que Enrique VIII viaja junto a sus cortesanos a bordo de varias barcazas, río arriba, para visitar a Tomas Moro en su residencia.

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (III)

Archibald Alexander Leach, James Maitland Stewart y Katherine Houghton Hepburn


- ¿Y usted, señor Connor? Usted bebe, ¿no? Alcohol, me refiero.
- Oh, un poco.
- ¿Un poco? ¿Y usted es escritor? Tsk, tsk, tsk. Siempre pensé que todos los escritores bebían en exceso y pegaban a sus mujeres. ¿Sabe?, hubo un tiempo en el que quise ser escritor.


Historias de Filadelfia” (“Philadelphia Stories", George Cukor, 1940)

sábado, 4 de abril de 2009

SÁBADO MUSICAL: EL ÚLTIMO MOHICANO


Hace unos días me puse a recordar y por una de esas peculiaridades que poseen las conexiones sinápticas lo que me vino a la mente fueron los volúmenes de una antigua colección publicada por la Editorial Bruguera. La casualidad había querido que una buena amiga de la familia guardara en su casa los libros que habían pertenecido a su hijo. Digo pertenecido porque por esa época ya hacía muchos años que el muchacho había dejado de serlo, ya estaba casado y hasta había formado su propia familia.


Esta buena mujer, sabedora de que el niño que yo era por entonces era un gran aficionado a pasar las páginas de los libros y a entretener la vista con la palabra escrita me abrió las puertas de aquella mágica estancia. Allí encontré varios ejemplares de novelas de Karl May, Julio Verne, Emilio Salgari, Walter Scott, Sabatini,..., agrupados en una colección denominada "Historias Colección": libros que combinaban texto y viñetas.

Como por aquel entonces yo era un fiel lector de tebeos me dediqué a leer los cómics y en algunas ocasiones, si el pasaje me gustaba, pasaba a leer también el fragmento literario. De esa forma descubrí por primera vez muchos de los clásicos. Los mismos que años después redescubriría en su versión original (traducida, me temo).


Esta primera parte del artículo está dedicada a la memoria de aquella sabia mujer.




Uno de aquellos libros era "El Último Mohicano", de James Fenimore Cooper.


Fotograma de "El Último Mohicano" ("The Last of The Mohicans", Michael Mann, 1992)


Así que hoy, sábado, sábado musical, con ustedes la música de esta película, obra de Randy Edelman y Trevor Jones...




NOTAS ADICIONALES:

  • Podrán encontrar más información acerca de esta banda sonora en la web Bsospirit.
  • Si ya han visto la película podrán emocionarse de nuevo mediante el visionado de la escena final acá, es decir el anterior enlace es lo que comúnmente se viene a denominar "spoiler".

El señor Pond


viernes, 3 de abril de 2009

HOMENAJE DE UN BLOGUERO A "SU" LISTA...









"- ¿El nombre de Usher no significa nada para usted?
- Nada.
- Bueno, ¿y este nombre: Edgar Allan Poe?
El señor Bigelow meneó la cabeza.
- Por supuesto - gruñó delicadamente el señor Stendahl, con desaliento y desprecio a la vez -. ¿Cómo pude pensar que conoce al bendito señor Poe? Murió hace mucho tiempo, antes que Lincoln. Quemaron todos sus libros en la Gran Hoguera. Hace ya treinta años...
- Ali - dijo juiciosamente el señor Bigelow -. ¡Uno de aquellos!
- Sí, Bigelow, uno de aquellos. Allí ardieron Poe y Lovecraft y Hawthorne y Ambrose Bierce, y todos los cuentos de miedo, de fantasía y de horror, y con ellos los cuentos del futuro. Implacablemente. Se dictó una ley. Oh, no era casi nada al principio. Mil novecientos cincuenta y mil novecientos sesenta. Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales, y por supuesto, las películas, siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos.
- Ya.
- Tenían miedo de la palabra «política», que entre los elementos más reaccionarios acabó por ser sinónimo de comunismo, de modo que pronunciar esa palabra podía costarle a uno la vida. Y apretando un tornillo aquí y una tuerca allá, presionando, sacudiendo, tironeando, el arte y la literatura fueron muy pronto como una gran pasta de caramelo, retorcida y aplastada, sin consistencia y sin sabor. Poco después las cámaras cinematográficas se detuvieron, los teatros quedaron a oscuras, y de las imprentas que antes inundaban el mundo con un Niágara de material de lectura, brotó una materia inofensiva e insípida, como de un cuentagotas. ¡Oh, hasta el «entretenimiento» era extremista, se lo aseguro!
- ¿De veras?
- Así es. El hombre, decían, ha de afrontar la realidad. ¡Ha de afrontar el Aquí y el Ahora! Todo lo demás tiene que desaparecer. ¡Las hermosas mentiras literarias, las ilusiones de la fantasía, han de ser derribadas en pleno vuelo! Y las alinearon contra la pared de una biblioteca un domingo por la mañana, hace treinta años. Alinearon a Santa Claus, y al jinete sin Cabeza, y a Blanca Nieves y Pulgarcito, y a Mi Madre la Oca... Oh, ¡qué lamentos!, y quemaron los castillos de papel y los sapos encantados y a los viejos reyes, y a todos los que «fueron eternamente felices», pues estaba demostrado que nadie fue eternamente feliz, y el «había una vez» se convirtió en «no hay más». Y las cenizas del fantasma Rickshaw se confundieron con los escombros del país de Oz, e hicieron unos paquetes con los huesos de Ozma y Glinda la Buena, y destrozaron a Polícromo en un espectroscopio y sirvieron a Jack Cabeza de Calabaza con un poco de merengue en el baile de los biólogos. La Bella Durmiente despertó con el beso de un hombre de ciencia y expiró con el fatal pinchazo de su jeringa. Hicieron que Alicia bebiera algo de una botella que la devolvió a un tamaño donde no podía seguir gritando «más curioso y más curioso» y rompieron el Espejo de un martillazo y acabaron con el Rey Rojo y la Ostra.
El señor Stendahl apretó los puños, jadeante, el rostro enrojecido. ¡Oh Dios, no había pasado tanto tiempo!".


Fragmento de "Usher II", "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury.



Al menos me queda el inmensísimo gustazo de deleitarme escuchando el maravilloso tema que encabezaba mi ... fenecida ... lista aquí mismo...





La contribución del señor Pond



La de Sacha, la de Sacha mejor me la ahorro...; debido al ruido procedente de la cafetera sus gruñidos y farfulleos me resultaron ininteligibles, coloristas mas por completo ininteligibles.


Y mañana, mañana hablaremos de los sábados musicales...

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (II)



“Quemar una ciudad para crear una epopeya… es llevar demasiado lejos el arte por el arte”. Petronio (Leo Genn) a Nerón (Peter Ustinov).

"Quo Vadis" ("Quo Vadis", Mervyn LeRoy, 1951)

martes, 31 de marzo de 2009

ESTABLECIMIENTO FUNDADO EL 31 DE MARZO DE 2008



Ha transcurrido un año completo y aquí seguimos todos, a pie de mesa, café y cine de por medio...,
...alguna que otra tarta...,
...un poco de música...,
...risas...,
...y tristezas...

Sólo resta continuar, continuar, continuar,...

...continuar en busca de nuestros personales horizontes perdidos.


... y muchísimas gracias por estar ahí.

lunes, 30 de marzo de 2009

MAURICE JARRE

13/9/1924 - 29/3//2009




Permítanme que con no poca osadía ceda la palabra a alguien que podrá homenajearle muchísimo mejor que un mero aficionado como yo, y que además lo ha hecho con mucho sentimiento en un post de su blog, Friki pero Poco: Sergio Arán.


Que la batuta le sea leve, monsieur Maurice Jarre, allá donde se encuentre.



domingo, 29 de marzo de 2009

sábado, 28 de marzo de 2009

EL PROYECTO 410





Transcurre el mes de mayo, estamos en el año mil novecientos cuarenta y dos. A poco más de doce mil kilómetros de la población marroquí de Ed Dar al-Baydá se impartían las órdenes pertinentes con las que daba comienzo el así llamado proyecto número cuatrocientos diez.
Sí, nos encontramos en Hollywood, aunque lo que se recree en los estudios de una de las majors, la Warner Bros, sea el caluroso a la par que lejano Marruecos. Se dejan oír las conocidas palabras -“luces, motor, acción”- y da inicio su andadura una película que sin que quepa lugar para la duda ha llegado a convertirse en una obra mítica: su título, "Casablanca".

A primera vista no se trataba más que de otro melodrama, para nada muy diferente a cualesquiera de los otros que había producido anteriormente el estudio. Sí que cabía percibir que por sus venas de celuloide circulaba una cierta carga de propaganda, mas esta característica se había convertido en algo tan habitual que para nada extrañaba a nadie. Los estadounidenses ya habían entrado de lleno en el conflicto. Apenas un año antes se había producido el duro despertar a la realidad geopolítica imperante, una salida del largo sueño un tanto violenta, materializada en el ataque japonés sobre la base de Pearl Harbor.

Aquellos eran unos tiempos convulsos, durante los cuales hasta la propia industria cinematográfica se unía al esfuerzo bélico aportando su correspondiente grano de arena. Mucho se ha hablado, dictaminado y escrito acerca de esta película.

  • La elección de sus actores, y los orígenes teatrales del argumento.
  • La indudable oportunidad histórica de su estreno. A este respecto basta con pensar en la mención velada que se realiza hacia la posición mantenida por los Estados Unidos con anterioridad al año cuarenta y uno, un ejemplo de la política del no intervencionismo[1] propugnada por la Doctrina Monroe.
  • La equivocada idea mantenida por muchos coetáneos de que en realidad se encontraban ante lo que cabría definirse como un mero sleeper[2] de serie B[3] cuando a decir verdad la película disponía de un presupuesto propio de cualquier gran producción, de acuerdo a lo que venía siendo habitual en la Warner: casi un millón de dólares.
  • La forma de desarrollar el rodaje, en el seno de un ambiente de claroscuros acerca de cuál iba a ser el desarrollo argumental.

Lo demás, lo demás es historia...




"Casablanca" (Michael Curtiz, 1942)




[1]Rick llega a murmurar en un momento dado, en presencia de su fiel amigo Sam: “Si ahora son las 19:41 horas en Casablanca, ¿qué hora es en Nueva York? Ahora allí deben estar durmiendo. Toda América duerme ahora”.

[2]Con ese término se hace referencia a aquellas películas de pequeño presupuesto a partir de las que se espera obtener poca recaudación y que sin embargo superan contra todo pronóstico tales expectativas.

[3]La clasificación de las películas en A, B,…, se debe al productor ejecutivo de la Warner Darryl F. Zanuck quien, tras su marcha en 1933, sería sustituido precisamente por Hal B. Wallis, el productor de "Casablanca".