sábado, octubre 03, 2009

SÁBADO MUSICAL: RAVI SHANKAR

Ravi Shankar - "Raga Rangeela Piloo"


Namaste.


SÁBADO MUSICAL: GLORIA GAYNOR

Gloria Gaynor - "How High the Moon"



¿No se sienten ahora mismo como si se encontraran a bordo del "Pacific Princess"?



P.D.: sí, es Dana Andrews.

viernes, octubre 02, 2009

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XXII): "LOS DUELISTAS"



Harvey Keitel y Keith Carradine en "Los duelistas" ("The duellists", Ridley Scott, 1977)




Colbac, dormán, alamares y brandenburgos,...


Napoleón I, cuya carrera fue similar a un duelo contra toda Europa, desaprobaba el desafío entre los oficiales de su ejército. El gran emperador militar no era un espadachín, y sentía poco respeto por la tradición. Sin embargo, una historia de duelo que se convirtió en leyenda dentro del ejército, atraviesa la épica de las guerras imperiales”.


Joseph Conrad, "El duelo"

jueves, octubre 01, 2009

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XXI): LLEGA EL INVIERNO A BEDFORD FALLS

Set de rodaje de "Qué bello es vivir" ("It´s a wonderful life", Frank Capra, 1946)

martes, septiembre 29, 2009

UN GRAMO DE LOCURA ... O DOS

"Al Servicio de las Damas" ("My Man Godfrey", Gregory La Cava, 1936)



La “screwball comedy”, si nos acogemos a la definición que de este subgénero nos ofrece Miguel Marías, sería una mezcla en la que se combinan los elementos propios de la “alta comedia” (a cuyos personajes les caracteriza su pertenencia a los estratos más elevados de la sociedad) a los que se añade como elemento discordante la presencia de un personaje cuyo comportamiento alocado, cuando no estrafalario, le acarrea que el resto de sus pares le otorguen la etiqueta de excéntrico, cuando no directamente la de absoluto chiflado. Un personaje que tanto mediante su forma de ser como la manera de moverse por la existencia no tarda en subvertir el orden imperante, un orden por supuesto establecido por los restantes miembros de su clase social.

Lo curioso (amén de gracioso) es que en ningún momento es consciente de ser el ejecutor del mencionado ataque a la línea de flotación del buen pensar, no cabe hablar de la presencia de una mala intención por su parte. Muy al contrario acostumbra a comportarse con plena naturalidad, no exenta las más de las veces de un cierto grado de candidez.

Uno de los cultivadores de este subgénero fue el director de cine Gregory La Cava (1892–1952). Por diversas circunstancias no gozó de la fama que sí acompañó a otros compañeros tales como Howard Hawks, Ernst Lubitsch (sí, el del toque), Frank Capra, Preston Sturges, Leo McCarey y Michael Leisen; una actitud del todo injusta puesto que no cabe duda de que su talento refulgía a la altura del de sus colegas.

Muchos apuntan como explicación para semejante arrinconamiento la manifiesta adicción hacia el alcohol que padecía. Una adicción que muy a menudo le condujo a mantener unas relaciones que podrían definirse como tirantes (o si abandonamos las diplomacias cabría hablar más bien de enfrentamientos directos) con los productores de sus filmes. Sería precisamente a raíz de su agria relación con Mary Pickford –la todopoderosa, en Hollywood, esposa de Douglas Fairbanks–, viciada hasta tal punto que ésta incluso le expulsó del rodaje de “Venus era mujer” (1948)- como La Cava cavó, permítanme el juego de palabras, su propia fosa. A buen seguro que recordarán esta película por haber contado en su reparto con una joven y bellísima Ava Gardner.

Fatídicamente esa expulsión traería aparejado para el director el mayor de los ostracismos.

Nunca volvería a rodar una película hasta el momento de su muerte, cuatro años después.


En las primeras escenas de la “Al Servicio de las Damas”, Alexander Bullock (Eugene Pallette), cabeza visible como “pater familias” que se precia de tal de una adinerada familia de elevada clase, declara cuál es su opinión acerca de una de las fiestas a las que tan aficionados se muestran los demás miembros de su entorno (esposas e hijas):

Para tener un manicomio sólo hacen falta dos cosas: una habitación lo bastante grande y la gente adecuada”.

La frase antedicha condensa en sí misma la mordacidad y finísimo humor que impregna por completo este filme. El argumento, como no podía ser menos, va encaminado por la senda de las de su especie. Una mujer adinerada perteneciente a una familia de buena posición (los Bullock) decide contratar como mayordomo a un vagabundo que se encuentra por la calle. Tal decisión se haya motivada en exclusiva por un juego que le han planteado unos amigos. He ahí el choque entre clases altas y clases bajas, tan caro para los practicantes de este subgénero fílmico. Sin embargo ese vagabundo esconde un secreto, un secreto que una vez que se revele demostrará a la frívola mujer que en más ocasiones de las que se piensa las apariencias no sólo no muestran lo que uno es sino que más bien engañan por completo al observador no avezado.
Sin menospreciar ni a William Powell ni al orondo Pallette siempre resulta un grato placer asistir a las evoluciones por el set de rodaje de Carole Lombard (Irene Bullock) –amén de su actuación, claro está–, actriz fallecida de forma harto prematura a causa de un trágico accidente de aviación.
Ya sólo queda añadir que esta película tuvo un “remake” con el mismo título en el año 1957, a cargo de Henry Koster –el director entre otras de “El Invisible Harvey” (1950)–, en la que el papel de Godfrey corría a cargo de David Niven.


"Al Servicio de las Damas" ("My Man Godfrey", Gregory La Cava, 1936). Interpretada por William Powell, Carole Lombard, Gail Patrick, Alice Brady, Eugene Pallette, Alan Mowbray, Jean Dixon.

domingo, septiembre 27, 2009

¿DÓNDE S´ABRÁ METÍO ESE MARDITO TIBURÓN...?

Roy Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss y, por supuesto, el Tiburón


Para Blas.

"El título del artículo pretende homenajear al gato Jinks de nuestra infancia". El señor Pond.

sábado, septiembre 26, 2009

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XX): LET´S GO!




Donald Sutherland, Clint Eastwood y Telly Savalas en "Los Violentos de Kelly" ("Kelly´s Heros", Brian G. Hutton, 1970)

Me parece estar escuchando el tema musical que les acompaña, en homenaje a la música de Ennio Morricone para los "spaghetti westerns" de Sergio Leone protagonizados por Clint Eastwood.





Ben Johnson, Warren Oates, William Holden y Ernest Borgnine en "Grupo Salvaje" ("The Wild Bunch", Sam Peckinpah, 1969)



Randolph Scott y Joel McCrea en "Duelo en la Alta Sierra" ("Ride the High Country", Sam Peckinpah, 1962)


SÁBADO MUSICAL: "LOS VIOLENTOS DE KELLY"

"Los violentos de Kelly" ("Kelly´s Heros", Brian G. Hutton, 1970)




"Burning Bridges", The Mike Curb Congregation



"Battle Hymn of the Republic", Lalo Schiffrin

jueves, septiembre 24, 2009

ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XIX): "CARTA DE UNA DESCONOCIDA"

("Para cuando lea esta carta yo habré muerto").

Carta de una desconocida” (“Letter from an unknown woman”, Max Ophuls, 1948)



El honor es un lujo que sólo los caballeros pueden tener”.

Stefan Brand (Louis Jourdan) a su criado.



… Un lujo que se hace extensible al hecho de poseer memoria.

martes, septiembre 22, 2009

UN INQUIETANTE ORSON WELLES: "EL EXTRAÑO"




Orson Welles y Loretta Young en "El Extraño" ("The Stranger", Orson Welles, 1946)






El inspector Wilson, personaje interpretado por Edward G. Robinson, se encuentra convencido de que en un tranquilo pueblo de Connecticut, bajo la falsa identidad de un respetable profesor, se esconde un criminal de guerra nazi. Decidido a probar a sus superiores la certeza de sus sospechas acudirá allí para conocer en persona al sospechoso, Charles Rankin (Orson Welles), y llegado el momento desenmascararle nada más que cometa alguna clase de error. Porque si su teoría se demuestra como verdadera Rankin no es otro que Franz Kindler, un nazi huido de la Alemania derrotada para así escapar de la acción de la justicia.



Edward G. Robinson, Loretta Young y Orson Welles en una fotografía promocional de la película.

Ver esta imagen en gran formato en Dr. Macro.


Tras la conclusión del contrato que le ligaba a la R.K.O. para la dirección de dos títulos, Orson Welles, profundamente escamado tras el trato recibido por su segunda película, “El Cuarto Mandamiento”, decide alejarse del mundillo de Hollywood durante algún tiempo. A su regreso comprobará cómo inevitablemente su relación con la industria cinematográfica había sufrido un violento cambio. Ya no le conceden el grado de libertad del que había gozado durante el rodaje de “Ciudadano Kane”, lo que le obliga a aceptar en un principio trabajos como actor en varias películas (“Alma Rebelde” entre ellas) hasta que por fin, un día, además del papel protagonista de la película “El Extraño” también le confían su dirección.


Los tiempos de gloria: el estreno de "Citizen Kane"


Mas el carácter inquieto de Welles no le faculta para contentarse con tan sólo esos dos ámbitos y no tardará en formular algunas proposiciones relativas al añadido de varias escenas así como cambios en el guión. Sin embargo en Hollywood ya no se le dispensa como antaño el trato propio de un prodigio mimado, con no poca amargura debe asumir el rechazo a modo de respuesta para sus propuestas. Sólo le queda aportar su talento a aspectos como las luces, los encuadres y los movimientos de cámara. Y actuar, por supuesto.

A este último respecto me encanta la forma en la que Welles interpretaba a personajes de turbio vivir, humanizándoles para así poder mostrárnoslos como seres humanos y no como monstruos, aunque no cupiera dudas acerca de que en su interior latía la más genuina de las maldades. En el caso del personaje de Rankin le dota además de una presencia tan correcta y a primera vista casi hasta bondadosa que sólo algunas miradas y determinados gestos nos hacen sospechar que quizás y sólo quizás Wilson no se encuentra demasiado equivocado.

Sin embargo no todas las ideas del cineasta en horas bajas son desestimadas. Por extraño que parezca se trata de la primera película en la que se intercalan imágenes de los campos de exterminio procedentes de documentales del ejército norteamericano (¡y estamos en 1946!).

El artífice de esta novedad no era otro que Orson Welles.



lunes, septiembre 21, 2009

EL ÚLTIMO GRITO DEL REY LEAR



Laurence Olivier caracterizado como el Rey Lear (1946)






Corre por las plateas de los teatros una anécdota cuyo protagonista es el legendario actor sir Laurence Olivier, quien tantas veces encarnó a lo largo de su carrera a los protagonistas de las tragedias y dramas shakesperianos. Sumido en la preocupación por causa de su ignorancia acerca de cuál sería la mejor forma de interpretar con convicción el grito de muerte del Rey Lear no alcanzaba a saciar su afán perfeccionista con ninguna de las recreaciones que intento tras intento llevaba a cabo.


Sus dotes actorales se le figuraban insuficientes para mostrar el sufrimiento implícito en el transcurso de los últimos instantes vitales del monarca traicionado por sus hijos. Puesto a pensar y a repensar, y cuando ya estaba casi a punto de abandonar la esperanza de proporcionar al acto una desgarradora autenticidad, se le ocurrió la forma exacta para interpretarlo.


En lo que se basó fue en el método mediante el que los inuits daban muerte a las martas. Sabida por esta etnia cuál es la fiereza de estos animales resulta vital para los cazadores, por motivos de seguridad, mantenerse lejos de sus fauces puesto que a su dentadura se la puede calificar como agudamente afilada.


Para salvar la contrariedad referida desde tiempos inmemoriales acudían a un sistema muy ingenioso y al tiempo, a qué negarlo, bastante cruel, aunque sumamente efectivo. Primero espolvoreaban un puñado de sal sobre la nieve. A continuación aguardaban con paciencia a que una marta se aproximara a ella. Cuando impelida por su naturaleza la marta comenzaba a dar lametones a la salada nieve al punto quedaba adherida a ella merced a la humedad. Como consecuencia, a pesar de cuantos intentos por soltarse pusiera en práctica, ya resultaría ser demasiado tarde para poner en práctica la huida pues le resultaba imposible zafarse. Además en ese estado tampoco podría presentar defensa alguna ante cualquier atacante. Ese era justo el momento que sus captores aprovechaban para caer sobre ella armados con palos, al amparo de la seguridad prestada por la salada trampa.

El terrible chillido proferido por el animal atrapado, indefenso bajo la lluvia de golpes, sin posibilidad de defenderse de las acometidas de sus atacantes, su lengua pegada a la nieve a causa del contacto con la sal húmeda, fue el que precisamente adoptó sir Laurence Olivier para su interpretación de la muerte del Rey Lear de William Shakespeare.

sábado, septiembre 19, 2009

SÁBADO MUSICAL: "EVEN IN THE QUIETEST MOMENTS", SUPERTRAMP