Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.

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viernes, 5 de junio de 2009

GRETA GRAY YA NO VIVE AQUÍ



La mujer permanece inmóvil en el centro del dormitorio, como una estatua que sólo aguardara la orden del artista para cobrar vida. Con qué fulgor refulgen las perlas del collar, bañadas por la luz cenital que proyecta desde el techo la lámpara. Sólo unas tristes bombillas, nada de poderosos focos abrasadores. Tampoco se vislumbra cámara alguna. Ni siquiera un enjambre de técnicos expectantes, atentos a las indicaciones del director de turno. No hay nadie para gritar las mágicas palabras: "¡cámara, luces, acción!". Se encuentra nuevamente sola, sola allí en medio de la habitación.


Pero, ¡un momento! Como si en su interior hubiera escuchado la orden maravillosa empieza a avanzar hacia el tocador. Lentamente, paso a paso. Quizás aún imagine que a su vera una cámara invisible está filmando sus delicados pasos, a medida que pisa con cuidado sobre las marcas de tiza trazadas en el suelo. Mas nadie más ocupa la habitación. Está sola. Nuevamente sola.


Se sienta ante el tocador y echa una mirada a su rostro, aún joven. Con mano trémula alcanza el desmaquillador. El espejo le devuelve el reflejo del fulgor de sus grandes ojos: dada su naturaleza los espejos no traicionan, sólo muestran lo que ven, y su gran belleza no escapa a su perspicacia.


A la mente de la mujer aflora un recuerdo procedente de varios años atrás: otro espejo, otra habitación, otro país, otro continente. Aunque de eso ya hace casi veinte años.


Sin embargo ahora vuelve a estar sola, nuevamente sola. Ya no queda rastro alguno de la jovencita tímida que, alborozada, se prueba el exquisito vestido que Mauritz Stiller le había comprado expresamente. Su pudor agradece el gesto caballeroso del hombre: en tanto se desnuda, él, gentil, le da la espalda. Lejos se encontraba de imaginar que un espejo (otra vez los espejos), estratégicamente situado, recrea el reflejo de su alba figura para deleite del director de cine.


Hoy, allí, no hay más que un espejo, un espejo y ella, ella junto a sus recuerdos. Ningún testigo rompe la morosidad que imprime a cada uno de sus movimientos: el bueno de Mauritz hace ya muchos años que hizo su último mutis a través de la cuarta pared para no regresar jamás.


Ahora quien se sienta ante el tocador vuelve a ser ella misma, y al tiempo alguien diferente, muy diferente. Cosas así son las que lee en las líneas escritas en la mirada que refulge sobre la superficie azogada.


Greta Garbo retorna a ser quien siempre fue: una mujer que vivía en Estocolmo bajo el nombre de Greta Gustafsson, una jovencita aficionada a actuar en representaciones teatrales.









Lo ha decidido. Nada ni nadie la hará cambiar de opinión. Ella, que ha sido reina y cortesana de lujo, personaje trágico de Tolstoi y comisaria política destacada en París, que ha vivido en habitaciones de hotel recreadas en celuloide, donde paradójicamente también mostraba por exigencias del guión su íntimo deseo de permanecer sola, vuelve a ser ella una vez más.


Atrás quedarán los lujos, las cámaras, las cenas, los focos, las fiestas, las recepciones, las tomas repetidas incesantemente, los guiones,... Atrás, muy atrás quedarán sus otras vidas.


Pasarán los años y envejecerá mas, al contrario que el Dorian Gray de Wilde, su imagen permanecerá por siempre inmarcesible. Greta Garbo, la Divina, proseguirá habitando en las miradas de cuantos asistan a sus evoluciones en la gran pantalla, vivirá en las pupilas de cuantos curiosos dispongan de la oportunidad de examinar sus fotografías, permanecerá por siempre en la mente de sus incontables admiradores. Mientras tanto ella continuará viviendo su propia vida, ajena a los sueños que vayan entretejiendo a ritmo frenético los productores de los estudios.


Entonces sonríe. No, no sonríe. Ríe. Su risa clara y límpida llena la estancia. Se trata de una carcajada triunfal, un desahogo por medio del cual por fin logra desembarazarse de la tensión que le ha ocasionado el tomar su grave decisión.


Entre tanto el espejo, en un último guiño, o quizás, quién podría esclarecer el misterio, a modo de travieso homenaje, le devuelve la imagen de otra mujer, una mujer que ha roto a reír mientras permanece sentada a una mesa en un restaurante de París.





Nota adicional: contaba el director de fotografía Milton Krasner una anécdota acerca del rodaje de la película "Doble Vida" ("A Double Life", George Cukor, 1947). Necesitaban recrear un rayo de luz que caía sobre el escenario, mientras los actores protagonistas, Ronald Colman y Signe Hasso, representaban "Otelo" de Shakespeare. El profesional no sabía cómo lograr ese efecto y se devanaba los sesos en busca de una solución que se obstinaba en no mostrarse. En esas estaba cuando se le ocurrió una idea: un pintor dibujó con tiza el rayo de luz sobre una pizarra negra, seguidamente filmaron el reflejo sobre un espejo para mostrar aquel rayo cayendo sobre la pareja actoral. De esa manera obtuvieron el efecto buscado.

Cuando Sacha, el señor Pond y un servidor contemplamos el dibujo original contenido en este artículo recordamos esta anécdota. Al observarlo con detenimiento sentimos toda la poderosa fuerza inherente a la mirada de la Divina, "reflejada" en el espejo de su imaginario tocador. El cúmulo de emociones que nos embargaron se la debemos al arte y al buen hacer de M***, quien gentilmente aceptó nuestra petición de recrear por medio del carboncillo y la tiza aquella su profunda mirada.
A fuer de sincero que el resultado ha superado por completo todas nuestras expectativas.

8 comentarios:

(!) hombre perplejo dijo...

Permíteme que te diga, querido amigo, que no he podido leer tu escrito. Andaba enfrascado en el segundo párrafo cuando ha arrancado la música de John Williams y me he quedado embobalicado disfrutándola y recordando aquel día en el que después de verla (¡dos veces seguidas!) salimos a la calle dando saltitos a ver si en alguno de ellos conseguíamos elevarnos cual Christopher Reeve...

Puede que otro día regrese a seguir leyendo. Ahora salgo al balcón a intentarlo de nuevo. Me siento con fuerzas, gracias a esta música mágica y prodigiosa...

Es lo malo que tiene que pongas BSO automática en tu blog, muchacho... !!!!

G. K. Dexter dijo...

(!) Hombre Perplejo.

Touché ;)


Un saludo cinéfilo.

Palabro: crato.
Peli: "Kracratoa al este de Java".

BLAS dijo...

Hola Dexter! Realmente Hombre Perplejo tiene razón, yo también me iba a poner a escribir y me he quedado un poco agilipoll...a escuchando la BSO de Braveheart... Pero bueno, me centro, hummm... Vale, no me acuerdo de lo que te iba a poner, luego vuelvo.

HAsta ahora!

BLAS dijo...

Creo que ya comentamos anteriormente algo sobre la belleza de Greta Garbo, y éste plano la vuelve a revelar, no sólo eran bellos sus ojos, sino también su mirada, parecía hablar sin necesidad de hacerlo... Estupendo relato, magnífico retrato de una estrella, una de las grandes divas del cine (y son tan pocas...)

Saludos Dexter!

G. K. Dexter dijo...

Blas.

Sí, es la segunda vez que (!)Hombre Perplejo me hace la misma amable recomendación. En su momento barajé la posibilidad de quitar la opción de reproducción automática. Hasta me pasé un par de horas trasteando en el HTML (para mí un mundo) mas sin resultado positivo. Por tanto decidí subir la lista para dar así la opción a parar la reproducción de forma cómoda.
Ahora bien, en cuanto encuentre un ratito y las indicaciones precisas volveré a la tarea, je, je,...

Un saludo cinéfilo desde la cubierta de "El Loro Azul".

G. K. Dexter dijo...

Blas.

Al hilo de tu segundo comentario.

Pues sí, tenía este artículo pendiente...

Y en verdad la mirada es fascinante, ya sea ante el objetivo de Steichen o ante el de Clarence Sinclair Bull (cuya existencia me reveló, hablo por mí, Caveat en su blog Viento Escarlata.

Por no hablar del hermosísimo dibujo que campea en el artículo. Una pena que sólo sea una fotografía, puesto que el original posee un tamaño algo superior a un A4, y, en verdad, es como tener delante la "divina mirada".

Un saludo cinéfilo.

El Ratón Tintero dijo...

Lo siento Dexterito, pero me uno a las sugerencias de arriba.
Hay dos cosas en los blogs que no comparto: las músicas de sopetón que atentan contra mi pobre corazón, y los que escriben blanco sobre negro que no deben sufrir presbicia; aún.

El dibujo de la Divina es soberbio, pero permíteme otra sugerencia: cambia el nombre de la foto si quieres guardar el anonimato de M***

Todo siempre con mucho cariño ;-)

Palabro: "matchu"
Película: "Matchu Pointu"

G. K. Dexter dijo...

Arrostrando peligros sin cuento sobre esta bamboleante cubierta, sable en mano, encontré un ratito para efectuar un pequeño cambio en la lista.

Respecto al anonimato de la artista, simplemente declarar que es más una cuestión de discreción y de emplear el mismo tratamiento con las personas "reales" a las que me refiero. Ahora bien sí que se me había escapado el detalle del nombre del archivo, mas en todo caso el dibujo figura firmado...

Muchas gracias por ambas recomendaciones.


Un afectuoso saludo cinéfilo.

Palabro: hanni.
Peli: "Hanni y sus hirminis".