Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.

Bienvenidos a mi hogar. Entren libremente. Pasen sin temor. ¡Y dejen en él un poco de la felicidad que traen consigo!

martes, 10 de abril de 2012

¡LO CONSEGUÍ, MA! ¡UNA NUEVA ENTRADA!



-¿Tú no me matarías a sangre fría, verdad?
-No, dejaría que hicieras un poco de calentamiento.
Paul Guilfoyle (Roy Parker) y James Cagney (Cody Jarrett) en "Al rojo vivo" ("White heat", Raoul Walsh, 1949)

Directo. Contundente. Cincelado al más puro y clásico estilo Warner.
Cine negro. "Film noir". Cine en blanco y negro.




¿Quién le iba a decir al "Sueco" lo que traen consigo las arpas irlandesas, aunque aparezcan bordadas en un pañuelo?
Burt Lancaster (Ole "Sueco" Andreson) y Ava Gardner (Kitty Collins
en "Forajidos" ("The killers", Robert Siodmak, 1946)



Apartó la vista de la pantalla del ordenador para asistir en primera persona a los últimos estertores de su cigarrillo, allá en el cenicero. Lo miró sin sombra de compasión, por completo ajeno. Después de todo aún quedaban un par de pitillos en la cajetilla. Si es que la encontraba, allí enterrada bajo los papeles que recubrían su mesa. Mas no era momento de pensar en ello.

Otra línea más. Una más. En su cabeza resonaban los tac-tac de una
Remington. Claro que solo lo hacían en su cabeza. Cómo iban a hacerlo si empleaba un portátil...

Un párrafo más. Solo uno más. ¡Vamos, tú puedes!

Entre tanto el martilleo proseguía, con su tac-tac continuo. No cabía preguntarse por quién resonaba. Era por él, por ese maldito bloqueo que le impedía agregar algún párrafo dotado de sentido.

Una imagen le vino a la cabeza: una negra hormiga errabunda, moviéndose entre los papeles de la mesa. Mentalmente asió el vaso del café con leche que reposaba a su lado. Solo fue un acto mental, sin premeditación ni malicia. Por medio de un gesto rápido encerró en él al insecto. Durante unos breves segundos sintió cómo se calmaba un poco. El hecho de observar los vanos intentos de la hormiga por escapar de su cristalina prisión obraban ese efecto.

Se restregó los ojos. Encendió un nuevo cigarrillo, haciendo a un lado la idea de que solo le restaba uno en el paquete. Encendió el equipo estereofónico y empezó a escribir de nuevo.


La pasada semana me hicieron un regalo. Bueno, no fue exactamente un regalo. Más bien cabría calificarlo como un inesperado obsequio. Se trata del libro "Cine negro" de la Editorial Taschen, un volumen al que cabría aplicar esa frase tan manida de "festín para los sentidos". Muy habitual, cierto, pero ni siquiera uno se ha resistido a emplearla.

¡Ea! Listo. Ya puede dejar que la hormiga prosiga su camino..., y, de paso, encender ese último cigarrillo.


-Yo haré lo mismo por ti una noche de estas.
-¿Salvarme la vida?
-No, darte un cigarrillo.
Glenn Ford (Johnny Farrell) y George Macready (Ballin Mundson) en "Gilda" (Charles Vidor, 1946)


2 comentarios:

BLAS dijo...

Jaajjajajaajaaajajajaaajajajaa!!! Qué bueno el relato, Dexter! Casi puedo imaginar al sujeto "imaginario" observando con ánimo forense los esfuerzos de la pobre hormiga cabreadísima (también me vino a la cabeza la cara enojada de la hormiga, pero ya sabes que mi mente va por su cuenta).
Qué maravillosos los tac-tac de una Remington, verdad? Nada que ver con el sonidito de las teclas de los pc. Yo aprendí a teclear con una Hispano Olivetti. Recuerdo aquel ruidillo con añoranza.

El regalo de ese libro sin duda ha sido un acierto. Las frases que imagino has capturado de sus páginas son geniales!

Un saludo cinéfilo-literario con humo del último cigarrillo.

G. K. Dexter dijo...

Blas.

Quien me hizo el obsequio imaginaba que me iba a gustar, pero desde luego desconocía los efectos colatarales...

Ja, ja,... Desde luego al captar la atmósfera no me puse en el lugar de la hormiga...

Un saludo cinéfilo con la cajetilla mediada.