Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.
sábado, 5 de abril de 2008
EL TERCER HOMBRE
Lo más curioso es que todo arrancó a partir de una simple anotación realizada tiempo atrás en su libreta por el propio Greene. En ella sólo había escrito una frase corta un tanto enigmática. Algo así como que había visto a un amigo al que había enterrado hacía unos días.
Lo que poca gente sabe es que el proyecto estuvo a punto de no llevarse a término. Cuando Greene, quien en su obra había descrito una Viena devastada al término de la contienda, visitó al cabo de unos meses la ciudad en la compañía del productor Alexander Korda, se encontró por el contrario con una ciudad reconstruida, en la que las ruinas habían sido limpiadas y donde los cafés y restaurantes ofrecían sus servicios con diligencia. Algo para nada similar a la desolación con la que había pintado los escenarios en los que transcurría la acción. El propio escritor se sintió en la necesidad de asegurarle al productor que sólo unos meses antes todo era tal y como él había escrito. Sin embargo la película salió adelante, rodándose en Viena y en los London Film Studios, Shepperton, Inglaterra.
Sin ánimo exhaustivo incluyo a continuación las fichas técnica y artística de la película.
Productor: ALEXANDER KORDA, DAVID O. SELZNICK y London Films
Producida y dirigida por: CAROL REED
Argumento original y guión: GRAHAM GREENE
Música: ANTON KARAS
Productor asociado: HUGH PERCEVAL
Productor ejecutivo: T. S. LYNDON-HAYNES
Director artístico: VINCENT KORDA
Ayudantes de dirección: JOHN HAWKESWORTH y JOSEPH BATO
Director de fotografía: ROBERT KRASKER
Montaje: OSWALD HAFENRICHTER
Operadores de cámara: EDWARD SCAIFE y DENYS COOP
Foto-fija: JOHN WILCOX y STAN PAVEY
Sonido: JOHN COX
Maquillaje: GEORGE FROST
Jefe de peluquería: JOE SHEAR
Vestuario: IVY BAKER
Decoración: DARIO SIMONI
Script: PEGGY McCLAFFERTY
Música de cítara, arreglos y dirección: ANTON KARAS
Reparto:
Holly Martins: JOSEPH COTTEN
Anna: ALIDA VALLI
Harry Lime: ORSON WELLES
Mayor Calloway: TREVOR HOWARD
Sargento Paine: BERNARD LEE
Portero: PAUL HOERBIGER
Mujer del portero: ANNIE ROSAR
"Barón" Kurtz: ERNST DEUTSCH
Popescu: SIEGFRIED BREUER
Dr. Winkel: ERICH PONTO
Crabbit: WILFRID HYDE-WHITE
Casera de Ana: HEDWIG BLEIBTREU
Hansl: HERBERT HALBIK
Brodsky: ALEXIS CHESNAKOV
Portero del Sacher's: PAUL HARDTMUTH
Ya sin más quiero destacar las tres escenas que gozan de mi especial preferencia dentro de esta película.
EL ENCUENTRO DE HOLLY MARTINS CON HARRY LIME.
Una escena cuya manufactura bebe de las fuentes del expresionismo alemán. Esa fotografía del artesano Robert Krasker, con los adoquines de la calle resaltados por obra y acción de las mangueras con las que el equipo de rodaje se ocupó de regarlas (¡y era invierno!).
LA NORIA.
En la que se incluye el famoso diálogo del reloj de cuco, cosecha del propio Orson Welles, pues no figuraba en el guión original de Graham Greene.
LA ESCENA FINAL.
Una vez definitivamente enterrado Harry, entierro al que sólo han asistido Calloway (“Calloway, no Callaghan, irlandés, no escocés”), Holly y Anna. Su pasado amigo decide aguardar a Anna, quizás para hablar con ella y darle las oportunas explicaciones por su directa intervención en la muerte de su amado Harry.
Lo hace a pie firme, esperando que ella llegue a su altura, avanzando desde el fondo del plano. Mientras tanto la cámara permanece estática, “fijada con cemento” (según el nombre que recibe esta técnica en el argot cinematográfico). Esta escena estuvo a punto de ser eliminada pues según el criterio del productor, Alexander Korda, ninguno de los espectadores estaría dispuesto a esperar tanto tiempo. Sin embargo el director, Carol Reed, mostró un gran empeño en mantenerla, convencido de que sí lo harían. Al final se quedó y los hechos le dieron la razón.
domingo, 15 de febrero de 2009
CUENTOS DE CINE
Bernardo Atxaga, Francisco Ayala, Rafael Azcona, Alfredo Bryce Echenique, Guillermo Cabrera Infante, Fernando Fernán Gómez, Ángel Fernández-Santos, Julio Llamazares, Juan Madrid, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, José María Merino, Juan José Millás, Justo Navarro, Mario Onaindía, Soledad Puértolas, Rosa Regàs, Osvaldo Soriano, Gonzalo Suárez y MarujaTorres.
Veinte autores. Veinte relatos. Veinte retazos donde el séptimo arte es el protagonista.
En el mes de octubre del año 2005 FNAC regaló a sus clientes un libro recopilatorio titulado "Veinte cuentos de cine", una acción enmarcada dentro de un proyecto para el fomento de la lectura. En el volumen se incluyeron veinte relatos salidos de la creatividad de otros tantos autores, los antes citados. A mis manos llegó ese mismo mes en forma de regalo de un colega, sabedor de que el tema me gustaba lo suficiente como para apreciar el gesto. Y lo cierto es que no se equivocaba para nada.
Hace unos escasos días, revolviendo por la estantería, su lomo me guiñó un ojo y como consecuencia lo extraje de su reposo para volver a releerlo. Mas a pequeños sorbos, escogiendo los relatos sin seguir un orden concreto, y ni mucho menos el marcado por el editor.
El primero que leí, influenciado por el artículo publicado en el EPS que ya comenté anteriormente, fue el escrito por Maruja Torres. Un relato que lleva por título “El Cuarto Hombre”.
Una vez más volvió a mi mente aquella larga avenida de un cementerio vienés, aquel suelo tan duro que los enterradores necesitaban emplear martillos neumáticos para así poder horadarlo, aquella escena rodada con la cámara "fijada en cemento".
Casualmente ese cuento figura en el libro en último lugar. No por nada siempre gusto de empezar los periódicos por la última página.
Otra costumbre.
sábado, 12 de diciembre de 2009
SÁBADO MUSICAL: "LAURA´S THEME"
jueves, 1 de septiembre de 2011
MARCHANDO UNOS CAFELITOS CINÉFILOS, DE NUEVO
domingo, 28 de diciembre de 2008
LA CAJA GEIST
Con viento del oeste, a las 21.25 horas, hora de la Costa Oeste, una noche sin luna del mes de febrero de 1942, muy posiblemente un ocho de febrero, un submarino de la Kriegsmarine salió a la superficie a una milla escasa de la costa californiana.
A las señales luminosas enviadas con el blinker (dos ráfagas largas y una corta, una ráfaga corta, dos cortas, tres cortas, una larga) les dieron réplica otra serie igual desde el continente.
Al cabo de un escaso cuarto de hora por entre la negrura que rodeaba el sumergible emergió la silueta de un bote hinchable con un único ocupante a bordo. Una figura corpulenta que protegía con sumo cuidado un petate de hule que portaba colgado del hombro.
Algunos miembros de la dotación le ayudaron a ascender a cubierta mientras otros compañeros se ocupaban de la labor de plegar la furtiva embarcación con celeridad y maestría. La actividad frenética desarrollada en cubierta se extendió durante no más de un par de minutos, al cabo de los cuales tanto el inesperado pasajero como los miembros de la tripulación desaparecieron en las entrañas del submarino que ya había iniciado la maniobra de inmersión.
Tras varias semanas de navegación el sumergible acabó por atracar en su base de la Rochelle, en La Pallice. Desde allí el misterioso correo y su aún más misteriosa carga partieron en un convoy fuertemente escoltado por efectivos de las Waffen S.S. (Schutzstaffeln) a cuyo frente se encontraba el obersturmbannführer Otto Skorzeny, apenas restablecido de las heridas sufridas en combate en el Frente Oriental.
El destino final de la columna no era otro que Wolfsschanze, la Guarida del Lobo, en Gireloz (Prusia Oriental). Más en concreto los aposentos privados del mismísimo führer.
El mayor de los secretos había rodeado en todo momento el desarrollo completo de la que había sido bautizada como Operación Geist (=Sombra).
Mas, ¿qué clase de objetos podían estar dotados de semejante importancia como para movilizar a tantos hombres? ¿A qué tantas precauciones durante el traslado de la extraña mercancía?
La respuesta a esta pregunta sólo la conocían cuatro hombres: el agente infiltrado, un oficial del S.D. (Sicherheitsdienst = servicio de seguridad); el máximo responsable del S.D., el S.S.-Obergruppenführer Reinhard Heydrich (Reichsprotektor de Bohemia y Moravia y director del R.S.H.A., el organismo dependientes de las S.S. que aglutinaba al S.D., la Gestapo y la Kripo); el Reichsführer-S.S. Heinrich Himmler (su superior) y, por supuesto, el propio Adolf Hitler.
El avance de los aliados sobre Alemania motivó que en el mes de noviembre del año 1944 la secreta mercancía fuera confinada junto con otras valiosas pertenencias del Tercer Reich en el interior de una mina de carbón en la Cuenca del Ruhr. Los encargados de su traslado, veteranos del Frente Oriental de la máxima confianza, y pertenecientes a un comando de las Waffen-S.S. que seguían órdenes directas de Himmler, desconocían por completo lo que contenía aquella anodina caja de madera en la que junto al emblema del águila aferrada a la esvástica figuraba grabada a fuego con caracteres góticos una única palabra: Geist.
Al término de la contienda se inició el proceso por el que Alemania fue dividida en cuatro zonas de ocupación: británica, francesa, americana y soviética.
Entre las ruinas de la Alemania devastada se tejieron intrigas de todo tipo que enfrentaron de forma sibilina en un preludio de la futura Guerra Fría a los hasta hacía poco aliados. Una de las operaciones más conocidas de cuantas se orquestaron durante esta época era la Operación Alsos. Aquella por medio de la cual los distintos países ganadores se ocuparon de rastrear el territorio conquistado en busca de los científicos nazis que habían estado trabajando en el proyecto atómico alemán.
Después de todo la guerra en el Pacífico aún no había finalizado.
Ya menos conocida era la Operación Alexandria (denominada así por la legendaria biblioteca de la antigüedad). Según un encargo directo y personal que el presidente Truman hizo a William J. Donovan (el director de la O.S.S., Office of Strategic Service) para los intereses de los Estados Unidos resultaba primordial la recuperación por cualquier medio de los bienes culturales expoliados por los nazis durante sus razzias por media Europa. Dada la importancia del cometido Donovan decidió delegar la supervisión de su desarrollo a su hombre de confianza en Berna, Allen Dulles.
Una comitiva de coches que lucían distintivos del Ejército de los EE.UU., ocupados por agentes de la O.S.S. fuertemente armados, frenaron frente a la bocamina. Como parte de los infructuosos intentos de Himmler para pactar la rendición mediante contactos secretos mantenidos con las fuerzas aliadas a través del Jefe de la Cruz Roja Suiza, el conde Folke Bernadotte, el Reichsführer-S.S. había revelado el paradero exacto del escondrijo donde permanecía oculta la Caja Geist.
Allen Dulles, como buen profesional de la mascarada desarrollada entre bambalinas había tomado muy buena nota de la revelación formulada por el alto jerarca nazi.
Al día siguiente un avión militar de carga partió del aeropuerto de Tempelhof (Berlín).
Durante más de cincuenta años el secreto más absoluto envolvió tanto a la caja Geist como al contenido que cuidadosamente embalado reposaba en su interior.
Hasta hoy.
martes, 15 de abril de 2008
AL SON DE LAS IMÁGENES
“Detesto ver a un hombre solo en el desierto muriéndose de sed, con la Orquesta de Filadelfia detrás de él”. John Ford.
En un libro sobre el director de cine Billy Wilder, la personificación terrenal de Dios para Trueba, el cáustico cineasta le participó al autor una anécdota según la cual en cierta ocasión le habían confundido con William Wyler. Semejante error se explicaba por la coincidencia existente entre los nombres de ambos, añadiéndose a ello el que los apellidos respectivos resultaban hasta cierto punto similares. Sin embargo, aparte del hecho de que ambos desempeñaran el mismo oficio no existe ningún otro rasgo que explique la confusión.
Ya he llegado a mi destino; detengámonos en la primera citada.
En un ambiente como el expuesto los personajes principales desarrollan una historia de amor doloroso y enfermizo (al menos le cabe esa calificación a los sentimientos mostrados por la mujer). Una relación mantenida entre Julie (una espléndida Bette Davis) y el siempre correcto Preston Dillard (al que da vida Henry Fonda).
La banda sonora, un torpe eufemismo éste, fue compuesta por Max Steiner, el mismo compositor que elaboraría otros temas que han alcanzado por sí mismos la categoría propia de los inolvidables, en el imaginario de los cinéfilos. Basta recordar "Lo que el viento se llevó".
Mas aún nos espera otro hallazgo, algo habitual en las películas de esa época, caracterizadas por poseer unas bandas sonoras en las que se incluían con profusión temas de la llamada música clásica. Por ejemplo, al término de una fiesta, comprobada fehacientemente por Julie la imposibilidad de recuperar el amor de Pres, una de las invitadas interpreta una pieza al piano, concretamente un nocturno de Chopin (el nocturno opus 9, número 2).
Pasemos ahora a otro título, "Corrientes Ocultas", ésta de los años cincuenta.
Un nuevo cambio.
Siempre me ha encantado sobremanera esa escena de "El Sur" (Víctor Erice, 1983), así que comprenderán la intensidad de la que fue mi sorpresa cuando me enteré de que en la película "Urga, el territorio del amor" (Nikita Mikhalkov, 1991), figura esa misma pieza, interpretada esta vez por un nómada mogol. En plena estepa de Mongolia el equipo de rodaje se encontró con un natural del país, el ocupante de una móvil yurta, quien interpretaba mediante un raído acordeón un pasodoble, el mismo pasodoble. Desde luego ellos no se lo habían enseñado.
Misterios de la música.
Para acabar, y cerrar un círculo, quiero hacerlo incluyendo unas palabras de Claude Chabrol, el director de cine francés. “Su función [la de la música en el cine] consiste en recordar al espectador que lo que ve sólo es una parte de la realidad que se le presenta”.
sábado, 24 de enero de 2009
MOZARTIANOS NOS HEMOS LEVANTADO
Antes de nada una simple pregunta. ¿Qué pueden tener en común las siguientes películas?
"Fama" ("Fame", Alan Parker, 1980)
"El Pacificador" ("The Peacemaker", Mimi Leder, 1997)
Pues bien en las bandas sonoras de las anteriores películas se haya presente al menos una pieza del genio salzburgués: Wolfgang Amadeus Mozart.
Las piezas respectivas:
El concierto para trompa y orquesta número 3 en mi bemol mayor, KV 447.
El Ave Verum Corpus, KV 618.
El tercer movimiento de la sonata para piano número 11, KV 331, "La Marcha Turca".
La serenata para cuerdas en sol mayor, "Una pequeña Serenata Nocturna", KV 525. Aquí les dejo su cuarto movimiento, rondó allegro.
A MODO DE PROPINA FINAL.
Para terminar un regalito para los seguidores de El Loro Azul: “Asturias” de Isaac Albéniz, de la ''Suite Española'', opus 47, interpretada por alguien muy especial.