Kirk Douglas (Espartaco) y Peter Ustinov (Batiato) charlan durante un descanso del rodaje de "Espartaco" ("Spartacus", Stanley Kubrick, 1960)Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.
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martes, 25 de octubre de 2011
ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (LXIII): DESCANSO EN EL RODAJE DE ESPARTACO
Kirk Douglas (Espartaco) y Peter Ustinov (Batiato) charlan durante un descanso del rodaje de "Espartaco" ("Spartacus", Stanley Kubrick, 1960)sábado, 31 de julio de 2010
SÁBADO MUSICAL: "ESPARTACO"
Esta mañana, mientras alzaba la persiana del cafetín cinéfilo, me sentía especialmente musical. Quizás fuera debido a las nubes que cubrían el cielo en este día en el que julio se termina para dar paso a agosto. Acaso fuera por la niebla que cubre las montañas que rodean en parte a esta ciudad. O más bien fuera porque sí, ya que no siempre hace falta que exista una causa definida.
Tras un corto intercambio de impresiones con Sacha y el señor Pond, sendos cafés delante, decidimos incluir varias versiones del tema de amor de la película "Espartaco" ("Spartacus", Stanley Kubrick, 1969).
Sin más aquí les dejo con algunas de las versiones seleccionadas de este maravilloso tema compuesto por Alex North.
Erich Kunzel & Cincinnati Pops Orchestra
Bill Evans y Jeremy Steig
Gabor Szabo
Herbie Hancock
Yusef Lateef
Ahmad Jamal
sábado, 28 de junio de 2008
LAS BATALLAS CINEMATOGRÁFICAS QUE MÁS ME HAN IMPACTADO
A continuación les muestro una serie de las escenas de batallas filmadas que más me han impresionado (y sobrecogido).
La Carga de la Brigada Ligera (The Charge of the Light Brigade, Michael Curtiz, 1936)
Alexander Nevski (Sergei Eisenstein, 1938)
Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960)
El Señor de los Anillos: la comunidad del anillo (Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, Peter Jackson, 2001)
Admito sugerencias y comentarios.
La Carga de la Brigada Ligera (The Charge of the Light Brigade, Michael Curtiz, 1936)
Alexander Nevski (Sergei Eisenstein, 1938)
Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960)
El Señor de los Anillos: la comunidad del anillo (Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, Peter Jackson, 2001)
Admito sugerencias y comentarios.
miércoles, 10 de junio de 2009
ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (X): SPARTACUS EN HISPANIA
Stanley Kubrick durante los preparativos del rodaje en España de su película "Espartaco" ("Spartacus", 1960)
sábado, 5 de julio de 2008
DESPUÉS DE USTED, MAESTRO
Hoy me siento con ganas de escuchar música clásica. Dado que este es un blog donde nos gusta tomarnos una taza de café, reposadamente, mientras charlamos acerca de cine, la única forma de vestir a ambos santos es incluir bandas sonoras clásicas, o que al menos poseen un estilo clásico.
En primer lugar, en primer lugar uno de mis temas favoritos, el Adagio para cuerdas de Samuel Barber.
La sinrazón de la guerra mostrada en esa escena en la que Willem Dafoe se desploma mientras abre los brazos...
En segundo lugar el coro final de la Pasión según San Mateo, de J. S. Bach.
Nadie se atreve a negar la inventiva que Saul Bass mostraba a la hora de confeccionar títulos de crédito. Buena prueba de ello, una de tantas, son los correspondientes a la película Casino de Martin Scorsese.
En primer lugar, en primer lugar uno de mis temas favoritos, el Adagio para cuerdas de Samuel Barber.
La sinrazón de la guerra mostrada en esa escena en la que Willem Dafoe se desploma mientras abre los brazos...
En segundo lugar el coro final de la Pasión según San Mateo, de J. S. Bach.
Nadie se atreve a negar la inventiva que Saul Bass mostraba a la hora de confeccionar títulos de crédito. Buena prueba de ello, una de tantas, son los correspondientes a la película Casino de Martin Scorsese.
Una confesión: cuando vi esta película por primera vez en el cine me conmocionó su arranque; por aquella época ni había escuchado la Pasión según San Mateo ni mucho menos sabía quién era Saul Bass.
En tercer lugar el aria O mio babino caro de la ópera Gianni Schichi de Giacomo Puccini.
Mi versión preferida, cargo de la Callas. Curiosamente leí el libro de E. M Forster antes de visionar la película.
En tercer lugar el aria O mio babino caro de la ópera Gianni Schichi de Giacomo Puccini.
Mi versión preferida, cargo de la Callas. Curiosamente leí el libro de E. M Forster antes de visionar la película.
En cuarto lugar Claro de luna de Debussy.
Una pena no haber encontrado la escena a la que prestan acompañamiento los acordes compuestos por Debussy.
En quinto lugar el adagio del concierto para clarinete y orquesta KV 622 de W. A. Mozart.
Me relaja. ¿Se puede pedir más?
En sexto lugar el Adagio de Espartaco y Frigia del ballet Spartacus de Aram Kachaturian.
Un amigo me la pidió una vez para que la escuchara su hijo, cuando éste aún se encontraba en el vientre de su madre.
Y finalmente Nino Rota y la música que compuso para la película Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli.
Y finalmente Nino Rota y la música que compuso para la película Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli.
Se me ha instalado en la cabeza desde hace unos días...
jueves, 8 de mayo de 2008
LARGA VIDA PARA KULECHOV
Uno de los cineastas que introdujo muchas de las ideas claves para la labor de montaje cinematográfico fue el ruso Lev Kulechov (1899-1970), quien a partir del año 1921 comenzó a ejercer como profesor en la Escuela Estatal de Cine de Moscú, ocupándose de transmitir a sus alumnos sus novedosas concepciones acerca del montaje. Una de sus principales contribuciones recibe el nombre de “experimento Kulechov” (aquí encontrarán una descripción muy completa sobre este experimento, procede del blog de Adriana Carriles).
En esencia tal experimento consistía en demostrar cómo el mismo gesto de un actor puede transmitir sentimientos muy diferentes según cuál fuera la imagen que lo acompañara. En la práctica desarrollada por Kulechov éste lo consiguió uniendo imágenes en las que se mostraban sucesivamente un plato de sopa, un niña muerta y una bella mujer, intercalando entre cada una el rostro del actor Iván Mosjukin, cuyo gesto no variaba en absoluto a pesar de que las imágenes que lo acompañaban sí lo hicieran. Paradójicamente ese rostro inmutable bastaba para transmitir a los espectadores unas emociones que conjugaban a la perfección con la naturaleza de las imágenes visionadas.
Existe una anécdota en la que participan Hitchcock y James Stewart, en la cual el primero se propuso demostrar al segundo la importancia que poseía el montaje para el lenguaje cinematográfico. Para ello el director no tuvo mejor idea que poner en práctica una modalidad del citado experimento.
Primero le mostró a Jimmy una imagen en la que podía vérsele luciendo un rostro sonriente, una imagen a la que seguía la estampa de un tierno bebé. Seguidamente volvió a mostrarle la misma imagen sonriente mas en esa ocasión la encadenó con otra en la que se mostraba la figura de una bellísima mujer desnuda. Naturalmente la interpretación que se podía dar a la misma sonrisa variaba radicalmente entre un caso y otro: durante la proyección de estas imágenes el pobre Stewart pasaba sin solución de continuidad de ser considerado un amantísimo padre a un degenerado lujurioso. Y eso sin que hubiera variado un ápice su cordial sonrisa.
En esencia tal experimento consistía en demostrar cómo el mismo gesto de un actor puede transmitir sentimientos muy diferentes según cuál fuera la imagen que lo acompañara. En la práctica desarrollada por Kulechov éste lo consiguió uniendo imágenes en las que se mostraban sucesivamente un plato de sopa, un niña muerta y una bella mujer, intercalando entre cada una el rostro del actor Iván Mosjukin, cuyo gesto no variaba en absoluto a pesar de que las imágenes que lo acompañaban sí lo hicieran. Paradójicamente ese rostro inmutable bastaba para transmitir a los espectadores unas emociones que conjugaban a la perfección con la naturaleza de las imágenes visionadas.
Existe una anécdota en la que participan Hitchcock y James Stewart, en la cual el primero se propuso demostrar al segundo la importancia que poseía el montaje para el lenguaje cinematográfico. Para ello el director no tuvo mejor idea que poner en práctica una modalidad del citado experimento.
Primero le mostró a Jimmy una imagen en la que podía vérsele luciendo un rostro sonriente, una imagen a la que seguía la estampa de un tierno bebé. Seguidamente volvió a mostrarle la misma imagen sonriente mas en esa ocasión la encadenó con otra en la que se mostraba la figura de una bellísima mujer desnuda. Naturalmente la interpretación que se podía dar a la misma sonrisa variaba radicalmente entre un caso y otro: durante la proyección de estas imágenes el pobre Stewart pasaba sin solución de continuidad de ser considerado un amantísimo padre a un degenerado lujurioso. Y eso sin que hubiera variado un ápice su cordial sonrisa.
De hecho el propio Hitchcock lo pondría en práctica en varias escenas de su película La Ventana Indiscreta (The Rear Window, 1954). Si mal no recuerdo la anterior anécdota se desarrolló precisamente durante su rodaje.
Cuando el fotógrafo al que da vida Stewart se dedica a observar al vecindario por medio de unos potentes binoculares le vemos cómo sonríe mientras se deja llevar por su sobrevenida condición de voyeur inofensivo. Los diferentes matices otorgados a esa sonrisa, en apariencia inocente, los proporcionan las imágenes que la cámara nos muestra desde una perspectiva subjetiva: un perrito correteando por el patio, en primer lugar, una joven desnuda en el segundo.
En Youtube me he encontrado con el siguiente vídeo, un anuncio de una marca de refrescos para cuya realización se utiliza una escena de la película Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960). La gracia del anuncio radica en la contemplación del rostro de Kirk Douglas, pues dado el nuevo montaje las emociones que nos sugiere son muy diferentes a las que originalmente nos mostraba en la película.
En Youtube me he encontrado con el siguiente vídeo, un anuncio de una marca de refrescos para cuya realización se utiliza una escena de la película Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960). La gracia del anuncio radica en la contemplación del rostro de Kirk Douglas, pues dado el nuevo montaje las emociones que nos sugiere son muy diferentes a las que originalmente nos mostraba en la película.
En suma, que hasta la publicidad se ha aprovechado de las enseñanzas de Kulechov. Vivir para ver.
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