Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.

Bienvenidos a mi hogar. Entren libremente. Pasen sin temor. ¡Y dejen en él un poco de la felicidad que traen consigo!

domingo, 2 de agosto de 2009

EL HOMBRE DEL CAFÉ NEGRO




Robert Donat (Mr. Chips) en "Adiós, Mr. Chips" ("Good Bye, Mr. Chips", Sam Wood, 1939)





“¿Qué se siente?
Al estar sin hogar,
como una completa desconocida,
como un canto rodante”.

Like a rolling stone”, Bob Dylan, “Highway 61 revisited” (C.B.S. 1965)



El hombre del café siempre vestía de negro. Muy parco en palabras sólo musitaba un buenos días, tardes, noches; saludo que variaba en consonancia con la hora del día. Al despedirse su laconismo se acrecentaba: sólo una pequeña inclinación de cabeza.
Jornada tras jornada acudía a su cita, antes o después. Dada su costumbre de beber siempre la misma consumición ni se molestaba en solicitarla. En cuanto Norberto le veía asomar por la puerta ya se ponía a pelearse con la terca cafetera.
Si era feliz o desgraciado nadie se atrevía a pronunciarse al respecto puesto que ocultaba sus emociones tras un rostro siempre impenetrable. No emitía comentario alguno ante la concurrencia ni tampoco al respecto de las charlas que se pronunciaban a su vera. Siempre distante, inmerso en su mundo. Los demás parroquianos le respetaban aunque no pudieran evitar el sentir cierta curiosidad acerca de su persona. Mas le dejaban en paz.
Nunca leía el periódico, se limitaba a su taza de café negro y humeante. Cómo demonios se las arreglaba para bebérselo hirviente tal y como se lo servían era otro misterio que se añadía al cúmulo que portaba sobre las espaldas. Una incógnita más en el complejo sistema de ecuaciones andante que era aquel hombre vestido de negro a la par que devoto del café de igual color.
En cierta ocasión Pepe “el curda”, arrastrado por uno de sus arranques etílicos de fraternidad universal, le propinó un caluroso abrazo al tiempo que en el televisor mostraban cómo la delantera del Real Madrid batía a la portería rival. De inmediato se hizo un silencio ominoso a lo largo de la superficie del local. Las conversaciones cesaron y hasta Norberto se quedó un tanto envarado ante la osadía mostrada por el borrachín. Aunque nadie lo confesara no fueron pocos los que entonces creyeron que había sonado la última hora para Pepe. Había ido a abrazar, empujado por su inconsciencia habitual, al hombre de negro. De allí seguramente iba a salir portado a hombros sobre unas cajas de cervezas, según la moda espartana.
Decenas de ojos aguardaban con expectación la pronta respuesta del misterioso cliente, no dudando que ésta iba a cubrirse con unos tintes bastante violentos. El propio Pepe, percatándose malamente el miserable por entre medias de la emoción de su atrevimiento se había quedado muy tieso, como si hubiera pisado a una cobra que se encontrara en medio de la siesta. Quieto, fija su atención en la figura oscura que por el momento permanecía impasible ante su taza medio vacía. Nada bueno podía provenir de semejante calma. Como marinero en unos tiempos ya lejanos había aprendido que la mar es muy traicionera, y que la calma más chicha alberga en su seno la tempestad más terrible. En suma, que él también aguardaba lo que sin lugar a dudas no dejaría de ser una fuerte marejada.
Un leve encogimiento de hombros. Ese fue el primer movimiento que hizo el hombre de negro. Otro encogimiento, seguido por otro y otro más. Su torso subía y bajaba rítmicamente, ¿resoplando?, cada vez de manera más espasmódica. La respuesta iba a adquirir un cariz mucho peor de lo que ninguno de los presentes había imaginado.
La carcajada resonó por todo el local, ascendió por encima de la música y rebotó en las paredes hasta atracar en los oídos de los clientes, quienes asombrados ante su súbita entrada sólo pudieron emitir un audible suspiro colectivo. Se estaba riendo, el hombre de negro se estaba riendo a mandíbula batiente, de ahí el rítmico movimiento de sus hombros. Lo causaba la risa que incontrolable le había subido a la boca haciéndole cosquillas en la lengua para acabar propagándose por el bar. Ni que decir tiene que merced a la tensión acumulada durante los minutos precedentes, y con la ayuda de la contagiosa risa, ninguno se sustrajo a la necesidad de reír, prestando compañía al hombre de negro. Incluso el propio Norberto, que un poco antes había mantenido ocupada su mente en tratar de desentrañar dónde había guardado su traje oscuro de los funerales, rompió a reír como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Durante unos segundos que parecieron horas sólo las risas resonaron en el establecimiento, llegando a ahogar la letra de una canción de Sabina en la que éste con su voz rota tan característica rimaba monaguillos y peticiones de perdón por la tristeza mostrada. Mas a quién le importaba Sabina en un momento tan surrealista como aquel, a quién no le traían al pairo la Iglesia y sus jerarquías, los curas y sus sermones o los sacramentos y su obligado cumplimiento, y perdonen la irreverencia. El caso era que el hombre de negro, el hombre del café negro, se estaba riendo, y ellos con él.
-Gracias, muchas gracias.
Las primeras palabras distintas a un saludo que él pronunció en el Gino´s. E iban dirigidas a Pepe, quien a la sazón yacía retorciéndose convulsivamente en el suelo, preso de un ataque de hilaridad tan fuerte que era de temer que llegara a hacerse necesario después de todo el traje oscuro de los entierros.
Tras mostrar su agradecimiento en forma tan parca el hombre de negro dejó unas monedas con un leve tintineo a modo de pago por su café y aún riéndose salió por la puerta, dejando a sus espaldas a un coro griego poco trágico, entregado a la risa.
Nunca regresó.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Estimado G K Dexter. ¿Las aventuras de Pepe y Norberto continuarán?

Propongo un serial...

G. K. Dexter dijo...

Alberto.

Los relatos, una veintena larga están escritos desde hace ya unos cuantos años, algunos incluso publicados por el blog.
En cuanto a lo de un serial... La idea es digna de una lenta valoración, aunque por el momento, y hasta que concluya, ya tengo suficiente con el de los filibusteros.

Un saludote cinéfilo-asturiano.