Un espacio destinado a charlar acerca del cine, saboreando una taza de café (puede que más), sentados en torno a una mesa. Por el simple gusto de hablar por hablar acerca de una pasión compartida por una reducida infinidad, así nomás como son estas cosas.
sábado, 29 de agosto de 2009
jueves, 27 de agosto de 2009
ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XVI): "EL TESORO DE SIERRA MADRE"

Humphrey Bogart (Dobbs) y Walter Huston (Howard)
miércoles, 26 de agosto de 2009
LECTURAS AGOSTÍES (Y III): "BAMBI CONTRA GODZILLA"
"La película perfecta es la película muda, de la misma manera que la secuencia perfecta es la secuencia muda. El diálogo es inferior a la imagen al contar una historia cinematográfica. En primer lugar, uan imagen, como ya sabemos, vale más que mil palabras; la yuxtaposición de imágenes es geométricamente más eficaz. Si un director o guionista quiere comprobar la calidad de una escena, puede eliminar el diálogo y ver si, aún así, transmite la idea al público".
- Don´t speak to me of rules. This is a movie... not a game of rugby.
sábado, 15 de agosto de 2009
SÁBADO MUSICAL: "LA JUNGLA DE ASFALTO"
Tema musical de "La Jungla de Asfalto" compuesto por Miklós Rózsa

miércoles, 12 de agosto de 2009
POR QUÉ NO PEDIR UN DESEO A LAS "LÁGRIMAS DE SAN LORENZO"
Ojalá puedan disfrutar de su contemplación...
martes, 11 de agosto de 2009
LECTURAS AGOSTÍES (II): "BEAU GESTE"
De Zinderneuf a Brandon Abbas y vuelta a Zinderneuf.

"Entre la admiración, universal y merecida, que despertó su hazaña, mi propio y pobre acto de preferir la muerte a ser descubierto y sufrir deshonor pasó desapercibido".
"Beau Geste" (William A. Wellman, 1939)
lunes, 10 de agosto de 2009
LECTURAS AGOSTÍES (I): "LA DAMA DEL PERRITO"

"Ojos Negros" ("Oci ciorne" u "Ochi chyornye", Nikita Mikhalkov, 1987)
Qué recuerdos acerca de la película de Mikhalkov, basada en ese relato.
En una silla de mimbre reposa desmayadamente el cuerpo mortal de Chéjov. A la vista de su aspecto su pensamiento se encuentra muy lejos de allí, muy lejos del envoltorio que le alberga. Si aceptó venirse hasta este balneario se debió sólo a los porfiados consejos de sus amigos, preocupados por el abatimiento en el que se había visto sumido durante el transcurso de las últimas semanas.
No era para menos puesto que ya llevaba varios meses sin que ni una sola línea hubiera salido de su pluma. La "toska", el aburrimiento tan propio de los habitantes de las estepas rusas, había hecho presa de él, y lo que sentía en su interior no era algo susceptible de ser curado por medio de unos simples baños. Se trataba de algo mucho más profundo.
Hoy ha convenido en salir, no ya por la recomendación de los facultativos del centro sino motivado por la visión del sol que esplendoroso brilla en el exterior. Ahí nos lo encontramos, muy cerca de la piscina de barro en la que chapotean con suma alegría un grupo de residentes, unos genuinos creyentes en los efectos terapéuticos de la combinación del agua y el barro medicinal. A este respecto él no es más que un descreído, lo que explica que se limite a permanecer sentado en una silla de mimbre, leyendo sin mucho interés las páginas de un periódico local.
El animado ambiente es roto de súbito por la irrupción de una repentina ráfaga de viento cuya intervención hace volar un delicado sombrero femenino, con tan mala suerte que termina por precipitarse en el mismo centro de la piscina. A la vista de este hecho el escritor abate delicadamente su periódico para pasar a observar detenidamente el reposado flotar de la pamela, apenas perturbado por las ondas producidas por los nadadores, los cuales, sumidos en su diversión, permanecen ajenos a la presencia de ese objeto.
Durante un instante piensa en la mala suerte que acaba de ofrecer sus respetos a la propietaria. Sin duda no podrá recuperar su prenda a no ser que alguno de los que nadan de aquí para allá convenga en acercárselo. Mas los acontecimientos no se desarrollan como cabría esperar, mostrando una vez más la riqueza de posibilidades que más tarde o temprano nos ofrece la existencia.
El escritor siente cómo a su misma vera pasa el caballeroso porte de un hombre alto, vestido con un vistoso terno blanco y tocado con un sombrero de igual color. Anda con lentitud, no exenta de lo que no deja de ser una cierta gracia aristocrática, imagen a la que refuerza el bastón que porta con delicadeza en su mano derecha. A juzgar por sus andares se deduce que tal adminículo no es más que una muestra de coquetería personal, un complemento decorativo que presta a su figura una manifiesta gracia.
El desconocido se acerca al borde de la piscina, parece dudar un segundo, aunque sólo sea para decidir con qué pie va a avanzar y, acto seguido, se sumerge hasta la cintura dentro del parduzco líquido. A igual paso que sobre tierra firme continúa avanzando, directo hacia la pamela. No bien llega a su altura la recoge, saluda a unos conocidos por medio de un cabeceo, al tiempo que alza su propio sombrero y da media vuelta, desandando el camino. Si es que puede utilizarse esa palabra dado el medio sobre el que se desplaza. Con vigor atlético emerge de la piscina, sin prestar atención alguna a las manchas amarronadas que decoran su antes flamante traje y se acerca a una joven destocada quien, al igual que el propio Chéjov, no ha perdido detalle de las evoluciones de tan galante caballero. Una vez más vuelve a quitarse el sombrero a modo de personal saludo, esta vez íntimamente dirigido a la propietaria del adminiculo y, luego, sin mediar palabra alguna se aleja tras dar media vuelta, con el mismo andar resuelto y lento de un principio.
Chéjov le observa mientras se aleja, ajeno por completo a las miradas de admiración que su gesto ha provocado y piensa para sí. Piensa que en su cuarto del primer piso, en una maleta de las que conforman su equipaje, guarda unas cuartillas, una pluma y un tintero…
sábado, 8 de agosto de 2009
SÁBADO MUSICAL: "EL CARTERO (Y PABLO NERUDA)"
jueves, 6 de agosto de 2009
ALFILERAZOS FOTOGÉNICOS (XIV): ALFRED HITCHCOCK EN "ENCADENADOS"
martes, 4 de agosto de 2009
MASTROPIERO EN HOLLYWOOD
lunes, 3 de agosto de 2009
JAMES BOND EFECTÚA UN TONEL
domingo, 2 de agosto de 2009
EL HOMBRE DEL CAFÉ NEGRO

“¿Qué se siente?
Al estar sin hogar,
como una completa desconocida,
como un canto rodante”.“Like a rolling stone”, Bob Dylan, “Highway 61 revisited” (C.B.S. 1965)
El hombre del café siempre vestía de negro. Muy parco en palabras sólo musitaba un buenos días, tardes, noches; saludo que variaba en consonancia con la hora del día. Al despedirse su laconismo se acrecentaba: sólo una pequeña inclinación de cabeza.
Jornada tras jornada acudía a su cita, antes o después. Dada su costumbre de beber siempre la misma consumición ni se molestaba en solicitarla. En cuanto Norberto le veía asomar por la puerta ya se ponía a pelearse con la terca cafetera.
Si era feliz o desgraciado nadie se atrevía a pronunciarse al respecto puesto que ocultaba sus emociones tras un rostro siempre impenetrable. No emitía comentario alguno ante la concurrencia ni tampoco al respecto de las charlas que se pronunciaban a su vera. Siempre distante, inmerso en su mundo. Los demás parroquianos le respetaban aunque no pudieran evitar el sentir cierta curiosidad acerca de su persona. Mas le dejaban en paz.
Nunca leía el periódico, se limitaba a su taza de café negro y humeante. Cómo demonios se las arreglaba para bebérselo hirviente tal y como se lo servían era otro misterio que se añadía al cúmulo que portaba sobre las espaldas. Una incógnita más en el complejo sistema de ecuaciones andante que era aquel hombre vestido de negro a la par que devoto del café de igual color.
En cierta ocasión Pepe “el curda”, arrastrado por uno de sus arranques etílicos de fraternidad universal, le propinó un caluroso abrazo al tiempo que en el televisor mostraban cómo la delantera del Real Madrid batía a la portería rival. De inmediato se hizo un silencio ominoso a lo largo de la superficie del local. Las conversaciones cesaron y hasta Norberto se quedó un tanto envarado ante la osadía mostrada por el borrachín. Aunque nadie lo confesara no fueron pocos los que entonces creyeron que había sonado la última hora para Pepe. Había ido a abrazar, empujado por su inconsciencia habitual, al hombre de negro. De allí seguramente iba a salir portado a hombros sobre unas cajas de cervezas, según la moda espartana.
Decenas de ojos aguardaban con expectación la pronta respuesta del misterioso cliente, no dudando que ésta iba a cubrirse con unos tintes bastante violentos. El propio Pepe, percatándose malamente el miserable por entre medias de la emoción de su atrevimiento se había quedado muy tieso, como si hubiera pisado a una cobra que se encontrara en medio de la siesta. Quieto, fija su atención en la figura oscura que por el momento permanecía impasible ante su taza medio vacía. Nada bueno podía provenir de semejante calma. Como marinero en unos tiempos ya lejanos había aprendido que la mar es muy traicionera, y que la calma más chicha alberga en su seno la tempestad más terrible. En suma, que él también aguardaba lo que sin lugar a dudas no dejaría de ser una fuerte marejada.
Un leve encogimiento de hombros. Ese fue el primer movimiento que hizo el hombre de negro. Otro encogimiento, seguido por otro y otro más. Su torso subía y bajaba rítmicamente, ¿resoplando?, cada vez de manera más espasmódica. La respuesta iba a adquirir un cariz mucho peor de lo que ninguno de los presentes había imaginado.
La carcajada resonó por todo el local, ascendió por encima de la música y rebotó en las paredes hasta atracar en los oídos de los clientes, quienes asombrados ante su súbita entrada sólo pudieron emitir un audible suspiro colectivo. Se estaba riendo, el hombre de negro se estaba riendo a mandíbula batiente, de ahí el rítmico movimiento de sus hombros. Lo causaba la risa que incontrolable le había subido a la boca haciéndole cosquillas en la lengua para acabar propagándose por el bar. Ni que decir tiene que merced a la tensión acumulada durante los minutos precedentes, y con la ayuda de la contagiosa risa, ninguno se sustrajo a la necesidad de reír, prestando compañía al hombre de negro. Incluso el propio Norberto, que un poco antes había mantenido ocupada su mente en tratar de desentrañar dónde había guardado su traje oscuro de los funerales, rompió a reír como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Durante unos segundos que parecieron horas sólo las risas resonaron en el establecimiento, llegando a ahogar la letra de una canción de Sabina en la que éste con su voz rota tan característica rimaba monaguillos y peticiones de perdón por la tristeza mostrada. Mas a quién le importaba Sabina en un momento tan surrealista como aquel, a quién no le traían al pairo la Iglesia y sus jerarquías, los curas y sus sermones o los sacramentos y su obligado cumplimiento, y perdonen la irreverencia. El caso era que el hombre de negro, el hombre del café negro, se estaba riendo, y ellos con él.
-Gracias, muchas gracias.
Las primeras palabras distintas a un saludo que él pronunció en el Gino´s. E iban dirigidas a Pepe, quien a la sazón yacía retorciéndose convulsivamente en el suelo, preso de un ataque de hilaridad tan fuerte que era de temer que llegara a hacerse necesario después de todo el traje oscuro de los entierros.
Tras mostrar su agradecimiento en forma tan parca el hombre de negro dejó unas monedas con un leve tintineo a modo de pago por su café y aún riéndose salió por la puerta, dejando a sus espaldas a un coro griego poco trágico, entregado a la risa.
Nunca regresó.