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domingo, 10 de agosto de 2008

UN GENIO ATORMENTADO QUE ERA CONSCIENTE DE SU GENIALIDAD... ORSON WELLES

El Welles que firmó el contrato de sesenta y tres páginas con la RKO en agosto de 1939, por el cual se comprometía a filmar dos películas en un plazo de año y medio, era un hombre consciente tanto de su gran talento como de la altura de sus capacidades. Esta seguridad en sí mismo, junto con los hitos alcanzados previamente a lo largo de su carrera, le permitieron el obtener unas ventajosas condiciones entre las que cabría destacar el poder aunar en su persona la triple condición de productor, director y guionista; Hollywood aún le consideraba un joven genio por lo que aceptaba sin rechistar todas sus exigencias.


Fotografía de Orson Welles en 1939


El primer fruto que ofreció a la productora fue su filme “Ciudadano Kane” (“Citizen Kane”, 1941), alabado por muchos por su guión (en el que colaboró un Hermann J. Mankiewicz al que fue preciso encerrar en una alejada cabaña a orillas de un lago para garantizar que permanecería sobrio mientras cumplía con su labor) y unas innovaciones técnicas a las que no era ajeno Gregg Toland, el director de fotografía, quien ya había ganado un oscar por “Cumbres Borrascosas” (“Wuthering Heights”, William Wyler, 1939).



Fotografía promocional de "Ciudadano Kane"


Pero a la hora de filmar la segunda película a la que le obligaba el contrato firmado Orson Welles terminó por vender su alma al diablo, metafóricamente hablando. Necesitado de la liquidez que le exigían los otros proyectos en los que se había embarcado, un carácter inquieto como el suyo le impedía dedicarse a uno solo de cada vez, acuerda con la RKO la cesión del final cut. Éste es aquel derecho establecido en el contrato que faculta a su poseedor para decir la última palabra en lo que se refiere al montaje final; es forma de garantizar el control completo sobre el contenido de la copia definitiva, a partir de la cual se van a realizar las sucesivas copias que serán exhibidas.


La consecuencia de su decisión no tardaría en producirse y aquella su segunda película, y última para la RKO, “El Cuarto Mandamiento” (“The Magnificent Ambersons”, 1942), sufriría durante su montaje graves mutilaciones que supusieron su acortamiento en cuarenta y cuatro minutos y el drástico cambio del final filmado por el director.


El Cuarto Mandamiento


Orson Welles, hastiado, abandonará Hollywood, dando comienzo a un largo peregrinar en busca de fondos con los que financiar sus siguientes producciones. Había pasado de ser considerado un genio a ser tachado de director problemático, demasiado propenso a necesitar abultados presupuestos para llevar a la pantalla sus creaciones; aquello resultaba intolerable en aquel mundillo donde el cine no dejaba de ser una modalidad de negocio más.

La experiencia volvió a repetirse años después, cuando Welles tuvo que contemplar cómo “Sed de Mal” ("Touch of Evil", 1958) era también objeto de brutales cortes por parte de la Universal. La copia original enviada a la productora, de una duración de unos ciento nueve minutos, fue adelgazada sin piedad mediante la supresión de varias escenas, para acabar reducida en el montaje final a poco más de hora y media (noventa y cinco minutos para ser exactos). ¡Catorce minutos de celuloide acabaron en la papelera de la sala de montaje!
No contentos con estas eliminaciones la escena inicial que contiene ese impagable plano secuencia rodado recurriendo a la “dolly” se desvirtuó mediante el añadido de los títulos de crédito y la banda sonora. Y para mayor ofensa hacia el director incluso se encargó a Harry Keller la filmación de algunos “raccords” que cambiaban la continuidad cinematográfica entre escenas.

El arranque de "Sed de Mal"



Esa copia definitiva empezaría a exhibirse en salas en el mes de mayo de 1958.


Por supuesto lejos de permanecer indiferente ante estos tijeretazos y cambios demenciales el cineasta montó en cólera y su respuesta airada no se hizo esperar. Una réplica que se materializó en un encendido memorándum compuesto por cincuenta y ocho páginas en las que daba indicaciones precisas acerca de cuál debía ser el montaje de las escenas, enumerando asimismo los cambios introducidos por la productora.
Habrían de transcurrir cuatro largas décadas desde su estreno para que en el año 1998 llegara a las pantallas una versión de esta película bajo la etiqueta “director´s cut”. Una versión para cuyo remontaje se siguieron las indicaciones dejadas por Welles en su antes citado memorándum.
Lamentablemente el genial director no pudo disfrutar de su triunfo puesto que ya llevaba trece años durmiendo el sueño eterno en la hacienda de Antonio Ordóñez, situada en Ronda (Málaga), donde descansan por propio deseo sus cenizas.

En el blog de Ediciones Plot se pueden leer algunos extractos del libro “El arte del Montaje”, de Michael Ondaajte, donde se plasman las conversaciones mantenidas por el autor con el montador Walter Murch, el encargado del remontaje de “Sed de Mal” a partir de las indicaciones redactadas por Welles en su memorándum.

2 comentarios:

G. K. Dexter dijo...

En casa del herrero cuchillo de palo, tal y como acostumbra a decirse por ahí.
Resulta que yo mismo sólo había tenido ocasión de visionar la versión expurgada de este maravilloso filme, "Sed de Mal". Sin embargo en mi visita a Madrid tuve ocasión de comprar el DVD con el nuevo montaje realizado por Walter Murch (lo de conseguir el libro se hizo imposible por estar en apariencia agotado, habrá que intentarlo por Internet).
Ayer mismo lo estuve visionando en el salón, de una forma un tanto cercana a la del cine, mediante un proyector conectado al portátil.
En resumen: ¡qué grande era Welles!

G. K. Dexter dijo...

Bueno, a decir verdad, unos meses después dicho libro figura en mi biblioteca personal, sección de lecturas pendientes. Esa peculiaridad que poseen los deseos cumplidos: se acaban en sí mismos.